Una conceptualización inicial

Una conceptualización inicial

¿Qué es la bibliotecología progresista? (III)


 

La bibliotecología progresista actual puede definirse, sucintamente, como una corriente de pensamiento y acción, dentro de las ciencias del libro y la información, que reivindica una bibliotecología crítica y comprometida socialmente, tanto en la teoría como en la práctica. Esta definición, con algunas ligeras variantes, puede hacerse extensiva a la "bibliotecología social" en general.

Basándose, como queda señalado en la "Introducción" de este artículo, en el inmenso poder de la información y el que ésta confiere a la biblioteca como depósito comunitario de gran parte de dicho bien, y en el reconocimiento de la biblioteca como una potente herramienta que pertenece a todos por igual y que debe emplearse en pos de la descolonización del saber y la lucha por la igualdad, la libertad, la justicia, la verdad, la solidaridad y la dignidad, la BP participa activamente en la sociedad en general y en su comunidad de usuarios en particular, de manera crítica y responsable, con conciencia emancipadora y voluntad transformadora.

Resulta útil expandir algunos de los elementos incluidos en la definición anterior. Al usar la expresión "corriente de pensamiento y acción" se remarca que la BP no es simplemente una corriente filosófica, que se limita a la disquisición, la discusión o el devaneo ideológico inconsecuente. Piensa para actuar, y la acción (a veces revolucionaria, a veces conservadora) se convierte en el motor de nuevas reflexiones e investigaciones.

Por "actitud crítica" se entiende la puesta en práctica del denominado pensamiento crítico: el análisis, el cuestionamiento, la investigación y la evaluación continua de las afirmaciones que se aceptan como "verdaderas". En el caso de los bibliotecarios, aquellas referidas a su profesión, a la sociedad en la cual y para la cual trabajan, a las actividades que realizan y a las razones (evidentes y subyacentes) que las impulsan, a los procesos que desarrollan, a los resultados que obtienen y a las relaciones e interacciones que generan y mantienen. Este tipo de pensamiento es indispensable para que dichos profesionales sean capaces de construir su opinión y sus razonamientos por sí mismos, de manera autónoma (y que enseñen a sus usuarios a hacerlo); para que duden, exploren y pregunten; para que vayan más allá de la superficie, de las apariencias y los discursos oficiales, de las noticias de los medios masivos y las afirmaciones irrelevantes, de las imposiciones y las órdenes. La BP apuesta por una profesión imaginativa, inconformista, independiente, no controlada, insurgente contestataria, rebelde, siempre alerta y en busca de la verdad. Una profesión rigurosa, no-neutral y políticamente activa. Una que tome partido, se comprometa, luche y defienda una determinada posición, que habrá sido adoptada de manera informada y libre.

Finalmente, por "actitud comprometida socialmente" se entiende la lucha por la conquista y la defensa de las libertades y los derechos fundamentales, la recuperación y apropiación de los valores de solidaridad, igualdad, dignidad y justicia social, la búsqueda de la paz y la verdad. Lo que a su vez implica no quedarse de brazos cruzados ante la persistencia de la violencia, las injusticias, la explotación, la desposesión, la pobreza y la desigualdad, ante las carencias y las falencias del sistema, ante el desastre ecológico y el deterioro irreversible del medio ambiente, ante la manipulación y la mentira, ante el chantaje y el miedo, sobre todo cuando se tiene la posibilidad de o las herramientas para hacer algo al respecto. Conlleva organización y viejas y nuevas formas de acción colectiva, así como la consolidación y articulación de proyectos comunitarios de diferente alcance y calibre que no deben perder de vista otras propuestas a nivel regional, nacional e internacional. Pero también implica la revisión profunda del conocimiento, el diálogo de distintos saberes, la comprensión crítica de la realidad. Todo ello convierte a la BP en un actor social con un papel de primer orden en la construcción de ese "otro" mundo posible y en la recuperación de tradiciones participativas.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 26.05.2015.

Foto: "Sin título", de Robert The (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "¿Qué es la bibliotecología progresista? Una aproximación básica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Y, en una versión adaptada (titulada "Aproximación a la bibliotecología progresista"), fue publicado en El Profesional de la Información (22 (2), abr.-may.2013, pp. 155-162). Las cinco partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Un poco de historia

Un poco de historia

¿Qué es la bibliotecología progresista? (II)


 

El término "bibliotecología progresista" [1], traducción directa del inglés progressive librarianship, tiene casi un siglo de historia. Surgida en Estados Unidos a finales de los años 30' del siglo pasado [2] como una aplicación directa de las ideas del progresismo norteamericano al campo de las ciencias de la información de la época, la bibliotecología progresista (BP) se configuró y desarrolló como una corriente de pensamiento y acción dentro del colectivo bibliotecario, heredera a su vez de otras corrientes, movimientos y escuelas que pueden rastrearse al menos hasta el siglo XVII.

Los adherentes a la BP analizaron críticamente dos realidades íntimamente relacionadas entre sí –la suya propia, como personas y profesionales, y la de su comunidad– tanto a un nivel macro (internacional y nacional) como a uno micro (regional, local, barrial). Ello les permitió detectar e identificar problemáticas sociales, económicas, políticas, culturales y éticas de todo tipo, y posibilitó que asumieran posiciones concretas con respecto a ellas, que se comprometieran con dichas posturas y que las defendieran. Además, poseedores de un fuerte espíritu activista, pasaron a la acción directa (en muchas ocasiones tildada de "radical" por el establishment) siempre que fue necesario.

En el marco de dicho activismo, se dedicaron a promover cambios socio-políticos (o a oponerse a los mismos) en su doble categoría de ciudadanos y profesionales de la información, sacándole el mayor partido posible a su espacio y a sus herramientas de trabajo particulares. La denuncia, la resistencia, la manifestación, el reclamo y la protesta no les fueron desconocidos; de hecho, buena parte de la literatura de la BP contiene detalladas descripciones de tales actividades. Al mismo tiempo, se ocuparon de diseminar información estratégica y de concienciar a sus conciudadanos acerca de temas como la lucha de clases, el socialismo, el antiimperialismo, el antimilitarismo, los derechos civiles, el anticapitalismo, etc. Por otra parte, incentivaron el pensamiento crítico (sobre todo dentro de la bibliotecología, pero también entre sus usuarios) y abordaron numerosas cuestiones relativas a la ética y la responsabilidad social de los profesionales del libro y la información.

La forma de pensar, de comprometerse y de actuar de la bibliotecología progresista no pasó desapercibida. En la práctica, se convirtió en una especie de "modelo antagónico" de una bibliotecología "convencional" caracterizada por un inmovilismo nocivo, por un posicionamiento supuestamente "neutral" [3] y por rechazar el abordaje de cualquier temática "externa al quehacer bibliotecológico" (actitud que sigue manteniendo a día de hoy). Su manera de cuestionar la realidad, de reflexionar y de obrar dentro del colectivo bibliotecario abrió una serie de opciones, alternativas y posibilidades para aquellos profesionales con conciencia social, críticos, rebeldes e inconformistas que habían puesto bajo sospecha sus propias convicciones y abierto una brecha en el consenso generalizado sobre los límites del quehacer bibliotecario.

Entre 1970 y 2000, el análisis de la bibliotecología desde una perspectiva social promovido por la BP se expandió geográficamente desde su núcleo original en los Estados Unidos, alcanzando América Latina, Europa, África y Oceanía (donde, con otros nombres o sin una denominación particular, también se había ido desarrollando una reflexión y una práctica bibliotecológica de similares características) e institucionalizándose en organizaciones regionales (p.e. BiS en Suecia en 1969, KRIBIBI en Austria en 1983, AKRIBIE en Alemania en 1988, LIWO en Sudáfrica en 1990, ISC en Reino Unido en 1994, CEBI en México en 2000, GESBI en Argentina en 2004 [4]). Durante ese mismo periodo, dicho enfoque también se hizo un lugar (o fue absorbido parcialmente, dependiendo de cómo se mire) dentro de grandes entidades bibliotecológicas del mainstream como la American Library Association (ALA) o la International Federation of Library Associations (IFLA).[5]

Entre 1980 y 1990, el compromiso con la emancipación y la justicia social que la BP (y sus simpatizantes) había defendido a lo largo de décadas en un campo prácticamente ocupado por tendencias bibliotecológicas orientadas a los procesos técnicos, la informática y la gestión/administración alimentaron una corriente más amplia, que fue bautizada como "bibliotecología social". En ella se integraron movimientos nuevos que hacían hincapié en cuestiones incipientes o que la BP apenas había desarrollado, y otros que no lo eran tanto y se reapropiaron y actualizaron algunos aspectos concretos de los que hasta aquel momento habían sido abordados únicamente por la BP. Aparecieron así la "bibliotecología socialmente responsable", la "bibliotecología activista", la "bibliotecología militante", la "bibliotecología radical", la "bibliotecología anarquista", la "bibliotecología feminista", la "ética de la información" y la "bibliotecología crítica", entre muchas otras. Algunos autores han simplificado semejante multiplicación y diversificación aduciendo que todas estas denominaciones son meros sinónimos de "bibliotecología progresista" o, por el contrario, que tienen poco o nada en común con ella. En realidad, en la mayoría de los casos esos movimientos se inspiraron en posiciones expresadas y sostenidas por autores, profesionales y activistas sociales de la BP al menos desde 1960; tomando tales elementos como base, elaboraron su propio proyecto. Al partir de un punto común, todas ellas pueden considerarse "variantes" de una misma "bibliotecología social" que aún está por definir, pero que no sería otra cosa que una visión renovada y enriquecida de la BP original. Por su parte, el Progressive Librarian Guild continuó con sus líneas de trabajo y acción habituales, a las que siguió denominando progressive librarianship.

Debido a la lógica evolución de las ciencias del libro y la información, la BP fue mejorando sus herramientas y ampliando su campo de influencia. Pasó así de un mundo físico y analógico a uno de documentos digitales y plataformas virtuales. También diversificó su base ideológica, al ir incorporando diferentes experiencias críticas y contestatarias a nivel internacional y al interactuar con los otros movimientos de la "bibliotecología social". Sufrió sucesivas transformaciones al adaptarse a las circunstancias políticas y económicas de cada momento, y modificó su espectro temático de acuerdo a los asuntos contemporáneos más candentes. Todos esos cambios se sumaron a la profundización del análisis de la compleja relación entre la sociedad y las bibliotecas; del rol que estas últimas pueden o deben jugar en los procesos democráticos; del poder de la información para impulsar mejoras en el seno de una comunidad determinada; o de la responsabilidad y la ética profesional en relación a los derechos humanos.

A finales de la década de 1990, con la difusión de las tecnologías de la información y la comunicación y el auge de Internet, la BP ensanchó sus márgenes y obtuvo una mayor visibilidad, al encontrar canales a través de los cuales articularse y relacionarse con otros actores de la sociedad, y medios que facilitaron la divulgación de sus propuestas y convocatorias. Estas herramientas posibilitaron la creación de otros escenarios en los cuales plantear sus reclamos, discutir sus métodos y exponer los resultados de sus acciones.

En la actualidad, la BP continúa acrecentando su ya larga trayectoria de pensamiento crítico y activismo socio-político dentro de las disciplinas del libro y la información, y sumando textos a una literatura realmente copiosa: ensayos, reflexiones, disquisiciones éticas, denuncias, descripciones de ideas, experiencias y actividades. Todos ellos difundidos a través de publicaciones como Progressive Librarian y sus paralelas en el campo de la "bibliotecología social": International Review of Information Ethics, Bibliotek i Samhälle, Library Juice e Information for Social Change.

Sin embargo, los intentos de convertir la BP en particular (o la "bibliotecología social" en general) en una sub-disciplina de las ciencias del libro y de la información modernas han fracasado hasta el momento, básicamente porque aún no cuenta con un corpus teórico lo suficientemente sólido. Este hecho se constata al comprobar que no ha sistematizado y analizado adecuadamente sus experiencias y logros, ni ha creado definiciones, categorías descriptivas, métodos o teorías propias (en los escasos casos en los que las necesitó, tomó prestados elementos genéricos de disciplinas como la filosofía, la sociología, la economía, la antropología o la política). Tampoco ha establecido unos cimientos fuertes sobre los que pueda descansar el conocimiento nuevo, así como la construcción de proyectos de investigación viables, modelos de comportamiento o hipótesis de trabajo válidas.

Ello se debe a que la BP ha sido menos proactiva que reactiva: su tremenda labor de dar respuesta a las necesidades más inmediatas y de analizar las circunstancias históricas, geográficas, sociales, culturales, económicas y políticas particulares a cada momento, no se ha visto acompañada por la elaboración de un entramado conceptual e ideológico desde el cual actuar planificadamente y elaborar una estrategia a largo plazo.

 

Notas

[1] En España, "biblioteconomía progresista". Si bien "bibliotecología" y "biblioteconomía" suelen ser términos tratados como sinónimos (el primero, de uso oficial en las universidades de América Latina, y el segundo, en la Península Ibérica), y ambos figuran como traducción correcta del inglés librarianship, sus significados, de acuerdo a la Real Academia Española de la Lengua, son asaz diferentes. En base a tales significados, en este artículo se ha preferido el uso de "bibliotecología" ("ciencia que estudia las bibliotecas en todos sus aspectos", RAE, 22º ed.).

[2] Se considera que la bibliotecología progresista nace con la aparición, en 1939, del Progressive Librarians' Council Bulletin, órgano del Progressive Librarians' Council (Consejo de Bibliotecarios Progresistas, luego Progressive Librarians' Guild o PLG, Gremio de Bibliotecarios Progresistas). El PLG continúa activo en la actualidad, y edita Progressive Librarian, la principal publicación sobre bibliotecología progresista a nivel internacional (enlace).

[3] Vid. Civallero, Edgardo (2012). Neutralidad bibliotecaria. [Pre-print]. Disponible en E-LIS

[4] La mayoría de esas agrupaciones sobreviven en la actualidad. Entre las más activas se cuentan BiS (Bibliotek i Samhälle, enlace) e ISC (Information for Social Change, enlace). LIWO desapareció en 1998.

[5] La Social Responsibilities Round Table (SRRT, "Mesa redonda sobre responsabilidades sociales") de la ALA fue fundada en 1969 (enlace), y el Social Responsibilities Discussion Group (SRDG, "Grupo de discusión sobre responsabilidades sociales0022) de la IFLA fue creado en 1997 (enlace). Tanto una como otro reflejan cierto interés por los temas "progresistas" por parte de ambas organizaciones. No obstante, ninguno de estos espacios está exento de críticas, las cuales van desde su carácter poco inclusivo hasta su papel cada vez menos relevante, pasando por su consideración como "semilleros de ideas" para el mainstream (cooptación directa).

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 19.05.2015.

Foto: "We Listen to Bach Transfixed Because This Is Listening to A Human Mind", de A Young Kim (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "¿Qué es la bibliotecología progresista? Una aproximación básica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Y, en una versión adaptada (titulada "Aproximación a la bibliotecología progresista"), fue publicado en El Profesional de la Información (22 (2), abr.-may.2013, pp. 155-162). Las cinco partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Introducción

Introducción

¿Qué es la bibliotecología progresista? (I)


 

Nota del autor

 

En el ámbito de la bibliotecología de habla hispana, el abordaje de la profesión desde un punto de vista social se designa, en la actualidad, a través del empleo de un término-paraguas: "bibliotecología social". Tal etiqueta es de aparición relativamente reciente y ha ido sustituyendo paulatinamente a "bibliotecología progresista", usada en los círculos profesionales al menos desde la década de los 80'. Los planteamientos de la moderna "bibliotecología social" son una versión ampliada y enriquecida de los de la "bibliotecología progresista" original; por ende, y para facilitar la lectura de este ensayo, ambas expresiones serán utilizadas indistintamente. En consecuencia, todas las afirmaciones realizadas en cuanto a los objetivos e ideas de la "bibliotecología progresista" pueden hacerse extensivas, grosso modo, a la "bibliotecología social".

El autor desea asimismo dejar constancia de que se cuentan por miles los profesionales que abordan la bibliotecología desde una perspectiva social sin necesidad de adjetivar su trabajo como "progresista", "comprometido" o "responsable"; muchos de ellos, incluso, consideran esta forma de pensar y actuar como la manera "natural" y "obvia" de poner en práctica sus conocimientos y habilidades. Sin dejar de reconocer este hecho, el autor mantendrá las etiquetas como una manera de distinguir esas prácticas "socialmente responsables" de aquellas "convencionales" e institucionalizadas, asaz limitadas y preconizadas por una parte considerable de la literatura académica bibliotecológica.

 

Introducción

 

Libros, revistas, listas de distribución de correo electrónico, asociaciones profesionales, grupos de trabajo y mesas redondas, proyectos académicos, ponencias, talleres, conferencias, seminarios, sitios y páginas web, blogs... Desde hace al menos una década ha sido difícil recorrer esos espacios o consultar tales documentos sin tropezarse con alguna mención a la bibliotecología progresista o a las temáticas abordadas por ella.

Igualmente difícil ha sido no cruzarse con una imagen estereotipada que, al parecer, "define" a los bibliotecarios progresistas: profesionales cubiertos de pins anti-belicistas, y/o vistiendo camisetas ecologistas, y/o luciendo peinados y aspectos ciertamente extravagantes, y/o trabajando en bibliotecas forradas de pósteres pro-derechos humanos y superpobladas de folletos feministas, panfletos de movimientos comunitarios y fanzines de colectivos sociales excluidos o marginados, y/o participando en toda marcha o manifestación convocada por esos mismos movimientos y colectivos, y/o firmando manifiestos a favor de la libertad de expresión y en contra de la censura y la represión, y/o apelando a la desobediencia civil, y/o exhibiendo títulos tan curiosos como "el bibliotecario callejero", "el catalogador combatiente" o "el referencista radical"...

En realidad, lo que hace que un bibliotecario sea "progresista" tiene poco que ver con ese envoltorio y mucho con el ejercicio consciente, honesto y comprometido de una profesión que no puede ser ajena sino participar en la construcción colectiva de alternativas y propuestas de cambio y justicia social. El bibliotecario progresista es un individuo consciente, ante todo y sobre todo, del inmenso poder de la información, y del que ésta confiere a la biblioteca como depósito comunitario de gran parte de dicho bien. Reconoce la biblioteca como una potente herramienta que pertenece a todos por igual y que debe emplearse en pos de la descolonización del saber y la lucha por la igualdad, la libertad, la justicia, la verdad, la solidaridad y la dignidad. Y, a partir de ese conocimiento y de ese compromiso social, asume la tarea de actuar de manera crítica y responsable.

Este ensayo pretende proveer, a aquellos que se aproximan por vez primera a la bibliotecología progresista, de un breve esbozo histórico (desde una perspectiva occidental) y de una definición inicial de sus planteamientos.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 12.05.2015.

Foto: "Flying books: freedom to read", de knows-flower (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "¿Qué es la bibliotecología progresista? Una aproximación básica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Y, en una versión adaptada (titulada "Aproximación a la bibliotecología progresista"), fue publicado en El Profesional de la Información (22 (2), abr.-may.2013, pp. 155-162). Las cinco partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Epílogo | Manifiesto

Epílogo | Manifiesto

Reflexiones desde una bibliotecología crítica (VI)


 

No te quedes inmóvil / al borde del camino
No congeles el júbilo. / No quieras con desgana.
No te salves ahora / ni nunca.
No te salves. / No te llenes de calma.
No reserves del mundo / sólo un rincón tranquilo.
No dejes caer los párpados / pesados como juicios.

Mario Benedetti.[1]

 

1. Considerando que la teoría es la columna vertebral de toda disciplina, y que son los conceptos, categorías, vínculos, estructuras, relaciones, métodos y definiciones los que fundamentan su accionar, existe una necesidad urgente de regenerar, consolidar y ampliar el corpus teórico de la bibliotecología.

2. La teoría debería construirse: (a) a través de la sistematización planificada de las prácticas bibliotecológicas (sobre todo aquellas basadas en la evidencia) desde un enfoque plural, comparativo/internacional e integrador; y (b) a través del diálogo y el debate abiertos, interdisciplinarios, activos y críticos que permitan confrontar experiencias.

3. La bibliotecología debería considerar seriamente la inclusión de reflexiones y abordajes críticos, así como la adopción de perspectivas sociales, políticas y filosóficas (humanísticas) tanto en los procesos de elaboración y análisis teórico como en su práctica cotidiana.

4. Sería recomendable crear espacios de participación profesional en donde se divulgue y explique la teoría bibliotecológica, de forma que sea aprovechable y operativa, y en donde a la vez pueda ser discutida, contestada e incluso reformulada (especialmente a través de estrategias de investigación-acción).

5. Tanto la teoría como las herramientas necesarias para su construcción y los lineamientos de adaptación de categorías pertenecientes a otros campos del saber tienen que estar presentes en los ámbitos académicos y educativos, desde los que debe avanzarse hacia la autonomía teórica de la bibliotecología.

6. El discurso a favor de la aparente neutralidad de la disciplina debería ser abandonado y la realidad, asumida. La bibliotecología tiene unos principios ideológicos, como también los tiene económicos y políticos; sus profesionales deberían esclarecerlos, analizarlos y encontrar buenos argumentos para defenderlos, cuestionarlos o cambiarlos.

7. La mercantilización de la biblioteca y de sus procesos y actividades debería denunciarse, nunca naturalizarse. No tenemos que olvidar que se trata de una entidad nacida para dar poder a la ciudadanía, garantizar el derecho a la libertad de información y el acceso universal al conocimiento.

8. La presencia de las TICs en el mundo de la información ha brindado nuevos medios, canales y herramientas a la bibliotecología, y como tales deberían seguir siendo consideradas. Por eso mismo han de utilizarse para la consecución de los fines que ésta persigue, y no pueden ser confundidas con ellos.

9. La formación bibliotecológica debería ajustarse a las circunstancias de las bibliotecas actuales sin perder de vista las bases históricas, las estructuras teóricas y las diferentes corrientes de la disciplina. Las escuelas de bibliotecología tienen que ser algo más que la antesala del mercado laboral y constituirse en un espacio de educación integral y humanista, en el que se formen profesionales críticos, capacitados en todos los aspectos de la disciplina y no solo en aquellas competencias que exija el perfil de un determinado puesto de trabajo.

10. Las asociaciones y organizaciones bibliotecológicas no deberían hacer suyos los intereses mezquinos del sistema capitalista ni someter sus estructuras a la lógica del mercado. En lugar de albergar foros de publicidad, venta de servicios y tráfico de información, deberían brindar espacios de verdadero aprendizaje, intercambio y difusión de conocimientos.

11. El colectivo bibliotecológico debería fomentar puntos de encuentro en donde primen la horizontalidad y la cooperación, abrir sus discusiones más allá de los círculos académicos y combatir el miedo a hablar y el monopolio de la censura.

12. La práctica bibliotecaria debería concentrarse en el servicio a la sociedad en general y a su comunidad en particular desde una perspectiva de desarrollo de base, respondiendo a sus necesidades y garantizando las libertades expresadas, entre otros documentos, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

13. La bibliotecología jamás debería perder de vista su historia de siglos y, sobre todo, las luchas sociales de las que ha sido partícipe. Su compromiso con las batallas actuales depende de ello.

 

Notas

[1] Mario Benedetti. "No te salves". En Poemas de otros (1973-1974).

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 05.05.2015.

Foto: "Abdel Kader Haidara, custodian of Mamma Haidara Library, Timbuktu, Mali", de Brent Stirton/Getty (enlace).

El texto corresponde a la sexta y última parte del artículo "Contra la 'virtud' de asentir está el 'vicio' de pensar: reflexiones desde una bibliotecología crítica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Academica y en Issuu. Las seis partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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