Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades – Historia de las cartoneras latinoamericanas 04

Historia de las cartoneras latinoamericanas (04)

Libros cartoneros (VII)


 

En Ecuador se sumaron Barba Azul Cartonera y Murcielagario Kartonera [1] (Quito. 2009); Camareta Cartonera [2] (Guayaquil, 2011), colectivo creado por estudiantes de periodismo y literatura de la Universidad Católica de Guayaquil; DADAIF [Cartonera] [3] (Guayaquil, 2011), que surge de el espacio artístico indie homónimo, con la colaboración de estudiantes de literatura; Ninacuro Colectivo Cartonera (Cuenca, 2013); y Luna Verde Cartonera (Morona Santiago, 2014). Por su parte, en Colombia aparecieron Del Ahogado el Sombrero Editorial Cartonera (Cali/Santa Rosa de Cabal, 2011) y Amapola Cartonera (Bogotá, 2012), un grupo de artistas plásticos y escritores que no solo recicla cartón sino que da nueva vida a viejas máquinas de imprimir.

En Brasil se presentaron Dengo-dengo Cartoneiro [4] (Navegantes, Santa Catarina, 2011), cooperativa editorial del Instituto Caracol; Editora Artesanal Monstro dos Mares [5] (Cachoeira do Sul, 2011), que publica todo tipo de materiales, incluidos algunos libros con tapas de cartón y tejido; Estação Catadora (Santos, São Paulo, 2012), organizada desde el Punto de Cultura, ubicado en la vieja estación ferroviaria; Severina Catadora (Garanhuns, Pernambuco, 2012), que reunió a la Associação dos Catadores de Papel, Papelão e Material Reciclável Nova Vida con el colectivo de escritores U-Carbureto, bajo el auspicio de Lúcia Rosa, de Dulcinéia Catadora; Sereia Ca(n)tadora [6] (São Paulo, 2012), asociada a la revista Babel, y ambas editadas por Ademir Demarchi; Estrela Cartonera [7] y Maria Papelão Editora (Santa Maria, Rio Grande do Sul, 2013); Mariposa Cartonera [8] y Cartonera do Mar (Recife, 2013); Maracajá Cartonera (Lagoa dos Gatos, Pernambuco); Editora Comissão Cartonera (Bomba do Hemetério, Recife, 2014), nacida a partir de un taller dictado por Welington Mello, de Mariposa Cartonera, en la Comissão do Meio Ambiente; Cartonera Poty [9] (Porto Alegre, Rio Grande do Sul, 2014), una editorial escolar de la E.E.E.F. Ministro Poty Medeiros; y Vento Norte Cartonero (Santa Maria, Rio Grande do Sul, 2015).

A todas estas hay que añadir Caracoles y Kurupís (Paraguay y Uruguay) y La Propia Cartonera [10] (Montevideo, 2009), la primera cartonera uruguaya, alumbrada por la Revista Caracú, un proyecto de la brigada de arte Lágrimas de Chipre. Y en Venezuela figuran Cartón en Mano Cartonera (Caracas); Harkâlÿa Kartonera (La Azulita), propuesta personal de Koral García Delgado; Dirtsa Cartonera [11] (Maracay, 2014), que incluye una colección de poesía indígena; y Amefrica Cartonera (Caracas).

En América Central se lanzaron varias propuestas interesantes. En 2012 apareció en Panamá Ediciones Pelo Malo [Cartonera] [12], una iniciativa de una escritora y una artista plástica cuyos libros llevan la siguiente etiqueta: "Tan pronto esta obra haya cumplido su misión, intercámbiela, regálela, compártala...". En el mismo país también trabaja Diablo Rojo Cartonera [13]. En Costa Rica se fundaron Cartonera Tica y Ukecleta Cartonera; Pirata Cartonera [14] en El Salvador; Atarraya Cartonera [15] en Puerto Rico (2009); y Luz Azul Cartonera y Cartonera Los Suicidas en República Dominicana.

Finalmente, entre el las muchas editoriales de este tipo que han visto la luz en México se incluyen La Ratona Cartonera [16] (Cuernavaca), La Regia Cartonera [17] (Monterrey) y Cohuiná Cartonera [18] (Chiapas, 2009); Nuestro Grito Cartonero [19] (Pachuca de Soto, 2010); Cascada de Palabras Cartonera [20] (Iztapalapa, México DF), La Cleta Cartonera [21] (Cholula, 2011) y Plástica Cartonera [22] (Saltillo, 2011); Ediciones Cartonera Hortera (Cancún), Pachuk' Kartonera [23] (Pachuca de Soto), Nauyaca Cartonera (Toluca de Lerdo), Maya Cartonera [24] (Tuxtla Gutiérrez), Mamá Dolores Cartonera (Querétaro), La Rueda Cartonera [25] (Guadalajara), Kodama Cartonera [26] (Tijuana) y La Máquina Cartonera (México DF, 2012); Fantasma Cartonera (Querétaro, 2013); La Tolvanera Ediciones (Torreón, Coahuila) y La Shula Cartonera (Tampico, 2014); La Verdura Cartonera [27] (México DF), Siete Lenguas Cartonera [28] (Aguascalientes), Cartonera Nómada Editorial (Xalapa-Enríquez), Catarsis Cartonera, Bakcheia Cartonera [29] (Chihuahua), Cartonera La Cecilia (Zacatecas), Cuxtitali Cartonera (San Cristóbal de las Casas) y Hojas Sabrosas Cartonera (Victoria de Durango). Cabe destacar por último el trabajo de Iguanazul Cartonera, cuyos textos están publicados en las lenguas originarias de México.

 

Notas

[1] Murcielagario. [En línea].

[2] Editorial Camareta Cartonera. [En línea].

[3] DADAIF [Cartonera] . [En línea].

[4] Dengo-dengo Cartoneiro. [En línea].

[5] Editora Artesanal Monstro dos Mares. [En línea].

[6] Sereia Ca(n)tadora. [En línea].

[7] Estrela Cartonera. [En línea].

[8] Mariposa Cartonera. [En línea].

[9] Editora Poty. [En línea].

[10] La Propia Cartonera. [En línea].

[11] Dirtsa Cartonera. [En línea].

[12] Ediciones Pelo Malo. [En línea].

[13] Diablo Rojo Cartonera. [En línea].

[14] Pirata Cartonera. [En línea]. /

[15] Atarraya Cartonera. [En línea].

[16] La Ratona Cartonera. [En línea].

[17] La Regia Cartonera. [En línea].

[18] Cohuiná Cartonera. [En línea].

[19] Nuestro Grito Cartonero. [En línea].

[20] Cascada de Palabras Cartonera. [En línea].

[21] La Cleta Cartonera. [En línea].

[22] Plástica Cartonera. [En línea]. http://plasticacartonera.blogspot.com.es/

[23] Pachukrtonera. [En línea].

[24] Maya Cartonera. [En línea].

[25] La Rueda Cartonera. [En línea].

[26] Kodama Cartonera. [En línea]. También en Issuu. [En línea].

[27] La Verdura Cartonera. [En línea].

[28] Siete Lenguas Cartonera. [En línea].

[29] Bakcheia Cartonera. Issuu. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 29.12.2015.

Foto: Elaboración de libros cartoneros, de Alba Ciudad (enlace)..

El texto corresponde a la octava y última parte del artículo "Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades – Historia de las cartoneras latinoamericanas 03

Historia de las cartoneras latinoamericanas (03)

Libros cartoneros (VII)


 

A finales de 2008 comienza la multiplicación masiva de proyectos cartoneros. En México DF, Héctor Hernández Montesinos y Yaxkin Melchy Ramos fundan Santa Muerte Cartonera [1] (continuada desde mediados de 2011 en 2.0.1.2. Editorial [2]), y simultáneamente surgen en Asunción (Paraguay) Felicita Cartonera Ñembyense [3], Mamacha Kartonera [4] y MBurukujarami Kartonéra [5], breves derivados o subdivisiones de Yiyi Jambo con textos en "portunhol selvagem".

En septiembre de 2008 nace en Florianópolis, Brasil, Editora Alternativa Katarina Kartonera [6], que toma su nombre del estado de Santa Catarina. Su fundador, Evandro Rodrigues, conoció a Diegues en la Semana Ousada de Arte de la Universidade Federal de Santa Catarina, donde Rodrigues estudiaba. Katarina "publica narrativas y literaturas contemporáneas, promoviendo talleres literarios, transformando cartón (basura) recogido por los cartoneros en objetos de arte: libros con tapas pintadas a mano y que por eso mismo nunca se repiten; esculturas, pinturas y otros objetos, fomentando proyectos sociales relacionados a la lectura, difundiendo literatura latinoamericana y divulgando trabajos de artistas de esta parte del mundo".

En Ecuador, la historia de las editoriales cartoneras comienza en Riobamba a principios de 2009 con Matapalo Cartonera [7]. Tras saber de Eloísa Cartonera, un joven escritor que estudiaba antropología, un artista visual, un artesano y un editor decidieron armar su propia editorial. Sus objetivos iniciales fueron sociales: trabajar con jóvenes de escasos recursos, "quienes reciben talleres para diseñar, pintar y elaborar libros, como un oficio alternativo por el cual obtienen una retribución económica". Paso a paso se convirtieron en un espacio de publicación descentralizado y fuera del sistema, divulgando literatura latinoamericana que no llegaba al país.

En febrero de 2009 aparece Textos de Cartón [8], la segunda editorial argentina, en la ciudad de Córdoba. Fundada por el escritor Andrés Nieva, sus miembros recogen el cartón y hacen los libros ellos mismos y, si tienen recursos, compran a cartoneros. En abril del mismo año surge Nicotina Cartonera [9] en Santa Cruz (Bolivia), inspirada en el documental sobre el trabajo de Yerba Mala Cartonera, y con el patrocinio y asesoramiento de aquella; su nombre queda explicado por su lema, "literatura adictiva". Simultáneamente se presenta La Cabuda Cartonera Editorial [10] en El Salvador, con el apoyo de Héctor Hernández Montesinos, editor de Santa Muerte Cartonera.

En mayo del mismo año, de la mano de los poetas chilenos Danitza Fuentelzar y Juan Malebrán, es el turno de Canita Cartonera en Iquique (norte de Chile). Se trata de otro proyecto inspirado en Yerba Mala Cartonera. Esta editorial trabaja exclusivamente con los reclusos del Centro de Detención Alto Hospicio, de ahí su nombre ("cana" es "cárcel" en el argot del Cono Sur) y su lema, "poesía carcelaria de máxima seguridad". Ellos mismos definen con mucha claridad su trabajo:

 

El hecho de sumarnos a "la explosión cartonera" [...] en nuestro caso, no tiene que ver con la autoedición o la re-publicación de autores reconocibles dentro del circuito de literatura latinoamericana, tampoco, producto del grupo humano que abordamos, con la mal llamada "reinserción social", ni mucho menos con la idea de "paternalismo". [...] De ahí, que plantearnos como variante sea lo que nos interese, al definir nuestra línea editorial como: "noventa y nueve coma nueve por ciento carcelaria".

 

En junio de 2009, otra vez en Argentina, se crea Cartonerita Solar [11], compuesta por estudiantes de literatura y psicología de la Universidad Nacional del Comahue (Neuquén). Sus miembros se plantearon ocuparse de la totalidad del proceso de elaboración de libros ellos mismos, dado que en aquel entonces no había cartoneros en su zona. Mientras tanto aparece la primera cartonera colombiana, Patasola Cartonera [12], en Bogotá. Una de sus fundadoras, Maggie Torres, trabajó con Felicita Cartonera en Paraguay. Poco después, en agosto, se suma otra editorial argentina, Ñasaindy Cartonera Editorial [13] ("luz de luna", en guaraní), ubicada en la provincia de Formosa. Ñasaindy es una de las primeras editoriales cartoneras que publica libros en una lengua indígena latinoamericana: concretamente, los trabajos del poeta Víctor Ramírez, del pueblo Qom.

 

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Desde entonces, las propuestas editoras cartoneras han proliferado por los cuatro rumbos del continente, presentando posturas e ideas muy diferentes.

Entre las muchas que se han puesto en marcha en Argentina destaca Editorial Retazos [14] (Buenos Aires, 2010), un proyecto valiente y comprometido que busca visibilizar a los inmigrantes bolivianos en Buenos Aires. Para ello elabora libros con cartón y con los retazos de tela que sobran en los numerosos talleres de confección de ropa, cuya mano de obra procede del país vecino y suele trabajar en condiciones de semi-esclavitud e ilegalidad. Otra idea llamativa es la de La Sofía Cartonera (Córdoba, 2012), la editorial cartonera oficial de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, institución que cuenta con sólidos programas de extensión y un largo historial de trabajo social. Y no se puede dejar de lado a Casimiro Biguá Cartonera (Buenos Aires, 2013), que solo utiliza los colores de la wiphala (bandera indígena andina) para sus tapas, y su derivada Seis Puntitos Cartonera Braille, una de las pocas (si no la única) en confeccionar libros cartoneros para ciegos, escritos en alfabeto braille.

A ellas habría que agregar Cieneguita Cartonera [15] (Mendoza, 2011), que trabaja en colaboración con una cooperativa de recicladores; La Gurisa Cartonera (Paraná, 2012), una idea impulsada desde la Biblioteca Alternativa Tilo Wenner conjuntamente con la Asociación Civil de Cirujas y Cartoneros; Editora Cartonera Amarillo, Rojo y Azul [16] (Córdoba, 2012), un proyecto escolar convertido en cartonera infantil; y Klóketen Tintea Cartonera [17] (Río Grande, 2010), la editorial cartonera más austral del mundo. Al otro lado de los Andes, en Chile, la multiplicación de editoriales cartoneras fue asombrosa. Pueden mencionarse Editorial Cartonera Helecho/Helecho De Cartonera [18] (Puerto Montt, 2009), la primera cartonera del sur de Chile; Nuestra Señora Cartonera [19] (La Serena, 2010); Isidora Cartonera Editorial [20] y Benicia Cartonera [21] (2011); Olga Cartonera [22], Calafate Cartonera [23] (Quilicura, Gran Santiago), Kiltra Cartonera [24] (Valparaíso) y La Vieja Sapa Cartonera [25] (2012); La Fonola Cartonera y La Gata Viuda Editorial Cartonera [26] (Santiago, 2013); y La Grullita Cartonera [27], Loquita Cartonera [28], La Joyita Cartonera [29] y Opalina Cartonera [30] (Santiago, 2014). También habría que incluir propuestas como Cizarra Cartonera (Santiago), Juanita Cartonera [31] (Conchalí, Gran Santiago), Coquimbo Cartonera (Coquimbo), Estalla Cartonera (Santiago), La Hebra Editorial, Letras de Cartón, Infracción Ediciones, Costalazo Ediciones, Manos a la obra, y Varonas de Cartón.

En Perú, la estela de Sarita Cartonera fue seguida por My Lourdes Cartonera [32] (Cerro de Pasco, 2009), denominada así en honor a una torre de metal por la que suben y bajan los mineros locales; Casa Katatay [33] (Lima, 2011), una asociación cultural que ofrece talleres de libros cartoneros y cuyo nombre está inspirado en la obra de José María Arguedas; Eqquss Editorial Cartonera [34] (Piura, 2011); Sullawayta Cartonera (Lima), creada por dos estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que escogieron para su propuesta la denominación en quechua de la "flor de la escarcha" andina; Insurrecta Cartonera (Pucallpa), Amaru Cartonera [35] (Lima) y Chacra Cartonera (Lima, 2013); Cartonazo Editores (Lima, 2013), de los alumnos de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que ha realizado talleres como "Yoshin Koshki" en la comunidad Shipibo-Conibo de Cantagallo (Lima); y Viringo Cartonero (Lima), establecida por el profesor Alfredo Ruiz, director a su vez de Cartonazo. Mención especial merece La Apacheta Cartonera (Lima), del poeta Óscar Limache , que describe así su trabajo:

 

El autor participa del proceso de edición, corrección e impresión. Luego, en una ceremonia que tiene lugar en la calle Maranga (San Miguel), donde hay una apacheta [especie de altar tradicional andino], el autor y sus amigos invitados cortan sus cartones, los pintan, es decir, son parte de la producción del libro, y luego se hace un pago a la tierra con pisco, por ejemplo.

 

De la mano de Óscar Limache también surgió Efraín y Enrique Editores Cartoneros, la primera editorial escolar fundada en el Perú, en el Colegio Trilce de Miraflores (Lima), que lleva el nombre de los niños cartoneros protagonistas del cuento "Los gallinazos sin plumas" de J. R. Ribeyro. Aunque quizás uno de los proyectos potencialmente más interesantes sea el de Qinti Qartunira [36], una cartonera vinculada al pueblo Kichwa-Lamista del departamento de San Martín, en la Alta Amazonia peruana, cuyo nombre se traduce como "Cartonera Colibrí". Fue creada en 2011, con el apoyo de Sarita Cartonera y del Consejo Étnico de Jóvenes Kichwa de la Amazonía (CEJOKAM), y tiene una de sus sedes en la comunidad de Kawana Ampi Urku Las Palmeras. Los libros se hacen con tapas de cartón que no se decoran, sino que se cubren con lona o con tejido de algodón que luego se pintan o se bordan con semillas. Se trata de una propuesta en la que participan muchos observadores externos (especialmente antropólogos extranjeros), y que de momento solo ha publicado textos sobre la lengua quechua.

 

Notas

[1] Santa Muerte Cartonera. [En línea].

[2] 2.0.1.2. Editorial. [En línea].

[3] Felicita Cartonera Ñenmbyense. [En línea].

[4] Mamacha Nde Tiey. [En línea].

[5] MBurukujarami Kartonéra. [En línea].

[6] Katarina Kartonera. [En línea].

[7] Matapalo Cartonera. [En línea].

[8] Textos de Cartón. [En línea].

[9] Nicotina Cartonera: Literatura adictiva. [En línea].

[10] La Cabuda Cartonera Editorial. [En línea].

[11] Cartonerita Solar. [En línea].

[12] Patasola Cartonera. [En línea].

[13] Ñasaindy Cartonera Editorial. [En línea].

[14] Editorial Retazos. [En línea].

[15] Cieneguita Cartonera. [En línea].

[16] Editora Amarillo, Rojo y Azul. [En línea].

[17] Klóketen Tintea Cartonera. [En línea].

[18] Editorial Cartonera Helecho. [En línea].

[19] Nuestra Señora Cartonera. [En línea].

[20] Isidora Cartonera Editorial. [En línea]. También el catálogo en Issuu. [En línea].

[21] Benicia Cartonera. [En línea].

[22] Olga Cartonera. [En línea].

[23] Calafate Cartonera. [En línea].

[24] Kiltra Cartonera. [En línea].

[25] La Vieja Sapa Cartonera. [En línea]. http://laviejasapacartonera.blogspot.com.es/

[26] La Gata Viuda Editorial Cartonera Chile. [En línea].

[27] La Grullita. [En línea].

[28] Loquita Cartonera. [En línea].

[29] La Joyita Cartonera. [En línea].

[30] Opalina Cartonera. [En línea].

[31] Juanita Cartonera. [En línea].

[32] My Lourdes Cartonera. [En línea].

[33] Casa Katatay. [En línea].

[34] Eqquss Editorial Cartonera. [En línea].

[35] Amaru Cartonera. [En línea].

[36] Qinti Qartunira. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 22.12.2015.

Foto: Libro cartonero, de Diablo Rojo Cartonera (enlace)..

El texto corresponde a la séptima parte del artículo "Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades – Historia de las cartoneras latinoamericanas 02

Historia de las cartoneras latinoamericanas (02)

Libros cartoneros (VI)


 

Desde un punto de vista estrictamente cronológico, la segunda editorial cartonera de esta historia es la peruana Sarita Cartonera [1]. Una de sus fundadoras descubrió un libro de Eloísa Cartonera en una librería de Chile y decidió replicar el proyecto en Lima en 2004. Las dos fundadoras, Tania Silva y Milagros Saldarriaga (a las que luego se unió Jaime Vargas Luna), adoptaron para su proyecto la estética chicha [2] y usaron como nombre el de una santa del imaginario popular, Sarita Colonia, protectora de los choferes, las prostitutas, los presos y los campesinos que emigran a la ciudad para buscar un futuro mejor.

Tanto las personas que conformaron el núcleo fundador como las que integraron el comité editorial eran sobre todo graduados universitarios (Silva y Saldarraga habían estudiado Literatura en la Universidad Nacional de San Martín): jóvenes que deseaban establecer un vínculo práctico entre su carrera y el trabajo social. A diferencia de Eloísa, Sarita obtuvo apoyo del municipio de Lima [3] para crear su taller de trabajo, y el auspicio de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) [4] y de la Oficina de Cooperación al Desarrollo de la Embajada de Bélgica. El apoyo duró poco, de modo que Sarita fue cambiando de sede (espacios cedidos brevemente por la Fundación Renée Navarrete en el centro de Lima, o por la Biblioteca Nacional en el barrio de San Borja) hasta que alquiló un lugar propio y dejó de depender de las siempre cambiantes voluntades ajenas.

Esta editorial se ha decantado por libros de temáticas urbanas y lectura sencilla. Los autores ceden sus derechos y reciben, como compensación, una parte de la tirada (generalmente un 10%). Los editores y los artistas plásticos que ilustran los textos y las cubiertas trabajan de forma gratuita; los jóvenes cartoneros encargados de armar los libros ganan un jornal por su trabajo. A diferencia de otras editoriales, las publicaciones de Sarita Cartonera son depositadas legalmente en la Biblioteca Nacional del Perú (es decir, que cuentan con ISBN y figuran en el OPAC de la BNP). Además, sus ediciones suelen ser reseñadas en periódicos de tirada nacional, junto a las de los grandes conglomerados editoriales.

Sarita Cartonera apostó por realizar actividades participativas (por ejemplo, leer a los jóvenes cartoneros los libros que encuadernaban y pintaban) y por desarrollar proyectos de extensión. Entre estos últimos, muy numerosos, se cuentan el "Sarita Cool Tour" de 2005 (una gira por los departamentos de Trujillo, Arequipa y Cusco, en el interior del país, para ponerse en contacto con autores de las provincias y difundir el trabajo realizado), o el taller "Libros, un modelo para armar" [5] (dirigido a alumnos de secundaria) que concluyó con una exhibición de los trabajos en 2006 en el Museo de Arte del Centro Cultural de San Marcos (Lima).

 

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La tercera editorial de la línea cronológica fue Mandrágora Cartonera. Fue fundada a finales de 2005 en Cochabamba (Bolivia) por Iván Castro Aruzamen, profesor de literatura y filosofía en la Universidad Católica de Cochabamba, tras una visita de Javier Barilaro. Si bien hasta 2007 (última fecha de actualización de su blog [6]) señalaba que el proyecto se basaba en el trabajo con thawis o cartoneros y que tenía objetivos sociales, en consonancia con sus dos predecesoras, testimonios posteriores (p.e. Akademia Cartonera) indican que Castro Aruzamen se volcó a la publicación de autores conocidos, orientando sus libros a un público compuesto principalmente por estudiantes universitarios. Según la misma fuente, la elaboración, que en un principio corría a cargo de los propios thawis, pasó a ser tarea de niños sordos, como parte de la actividad artística de algunos centros de educación especial. Según Aruzamen: "Sabemos que el modelo causa estragos en sectores como los recicladores y que los nuevos parias entre los parias son los cartoneros y chicos de la calle; pero pensar que haciendo libros les vamos a dar un futuro mejor, es una quimera. Sólo buscamos democratizar el acceso al libro y difundir literatura" [7].

A principios de 2006, un poco más al norte, en El Alto y La Paz (Bolivia), nació Yerba Mala Cartonera [8] de la mano de los estudiantes de literatura Darío Luna, Crispín Portugal y Roberto Cáceres. Tras descubrir las cartoneras de la mano de Jaime Vargas Luna (Sarita Cartonera) en unas jornadas en La Paz en 2004, pusieron en marcha una iniciativa similar en las alturas bolivianas. De acuerdo a sus fundadores, la editorial "se llama así porque nuestra intención es rescatar los escritos marginales, los buenos escritos que no se acabarán por más que quieran extirparlos". Yerba Mala mantiene una orientación mucho más popular que su par cochabambina. Sus editores trabajan con thawis y otros colectivos de niños y jóvenes de la calle (lustrabotas, voceadores), que obtienen el cartón, seleccionan el mejor y lo trabajan en sus casas o en el taller. El mayor porcentaje de los ingresos va para ellos, y el resto se destina a insumos.

Yerba Mala ofrece literatura a bajo precio (al cambio, los suyos resultan ser los libros más baratos de todas las cartoneras), en tiradas muy cortas (30 ejemplares), escrita por jóvenes autores ignorados por las grandes editoriales. La editorial tomó parte en la creación de la ya desaparecida Contra-Feria del Libro, y en la actualidad lo es de la oficial. Ha publicado la antología contra-cultural "Des-tamayados", que recoge las obras presentadas al Premio Nacional de Literatura "Franz Tamayo" 2008, declarado desierto por el jurado por la mediocre calidad de los escritos. Cuenta con un documental [9] sobre su trabajo, realizado por Colectivo 7 (siete artistas argentinos y catalanes), y buena parte de sus libros están digitalizados en una biblioteca en línea [10].

 

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En diciembre de 2006 se presentó en Santiago la primera editorial cartonera de Chile, Animita Cartonera [11]. El nombre hace referencia a unas casitas (que forman parte del logotipo) que se levantan en los lugares donde se produjo una muerte trágica, generalmente a la vera de los caminos o en espacios públicos; se cree que allí moran las almas. De la mano de un grupo de estudiantes de la Licenciatura en Literatura de la Universidad Diego Portales, el proyecto inició su andadura en el centro cultural Balmaceda 1215 (hoy Corporación Cultural Balmaceda Arte Joven).

El planteamiento de Animita difiere sensiblemente del de otras editoriales cartoneras, especialmente en su marco ideológico (analizado por varios autores [12]). Se trata de una sociedad de responsabilidad limitada (sociedad mercantil) que en la actualidad trabaja con amas de casa y jóvenes en riesgo de exclusión. Ximena Ramos, una de las editoras, en una entrevista declaró que los "recolectores independientes" (como se llama a los cartoneros en Chile) eran "un gremio difícil". Tanya Núñez, otra editora, explicó en esa misma entrevista que "trabajamos con algunos haciendo libros, pero no les motivaba hacerlo, así que vamos a trabajar con jóvenes en riesgo social y dueñas de casa" [13].

En Akademia Cartonera [14] se señala que la de Animita es una propuesta elitista y mercantilista. Al margen de compartir espacios con otras editoriales cartoneras y de comprar el cartón pagando un precio más alto, sus responsables se definen a sí mismos como editores profesionales, buscan rédito económico de su trabajo, intentan posicionarse en el mercado dominante, y consideran que sus libros son "un objeto de arte único y exclusivo".

 

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En febrero de 2007 el movimiento editorial cartonero echa a andar en Brasil con el surgimiento en São Paulo de Dulcinéia Catadora [15], gracias al trabajo de la artista plástica Lúcia Rosa y de Peterson Emboava, un talentoso joven hijo de cartoneros. La idea nace tras una colaboración con Eloísa Cartonera en la 27º Bienal de São Paulo. Dulcinéia es el nombre de una famosa catadora (cartonera) que aún trabaja en São Paulo, y un guiño literario al amor platónico de Don Quijote [16].

Se trata de una cooperativa que reúne a escritores, artistas y cartoneros para seleccionar y publicar cuentos y poesías. Los autores obtienen el 10% de la tirada, y los ingresos se reparten por igual entre todos. Trabaja con el Movimento Nacional dos Catadores de Materiais Recicláveis (MNCR, Movimiento Nacional de Recolectores de Materiales Reciclables) y con el Movimento Nacional da População de Rua (Movimiento Nacional de Población de la Calle), cuyos miembros participan en la elaboración de los libros. En 2011 dejaron el local cedido en el que trabajaban y se convirtieron en una organización itinerante: ampliaron su rango de acción y llevaron sus tareas a las favelas, a la vez que interactuaban con otras cooperativas de reciclaje.

Han publicado un mayor número de libros escritos por narradores y poetas cartoneros que cualquiera de sus pares, probablemente debido a su estrecha colaboración con ese colectivo. En una entrevista con Planeta Sustentável [17], y al ser preguntada sobre la "contribución social" de Dulcinéia Catadora, Lúcia Rosa reflexionaba así sobre el objetivo último del proyecto:

 

Encuentro pretencioso, e incluso utópico, pensar en transformación social. El proyecto busca dar visibilidad a los cartoneros, trabajar en defensa de sus causas, intentar cambiar la visión que la gente tiene de los cartoneros, y abrir oportunidades para los integrantes con quienes nos reunimos regularmente para confeccionar los libros.

 

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En la primavera de 2007 aparece en Asunción, Paraguay, la inimitable Yiyi Jambo [18]. Inspirado por una visita de Javier Barilaro, el poeta Douglas Diegues trabaja con Amarildo García, un pintor-cartonero (apodado "El Domador de Yacarés"), y juntos compran el cartón a los cartoneros de Asunción, recortan, pintan los motivos (que nunca se repiten), imprimen el contenido, montan los libros y los distribuyen.

Los objetivos declarados de la editorial son "la democratización del libro, la lectura, la creación literaria y artística originales". Yiyi Jambo es muy conocida por emplear una mixtura de lenguas muy particular, libre de ataduras gramaticales, que ellos llaman "portunhol selvagem", y que resulta ser una mezcla de español, portugués y guaraní, las lenguas de la triple frontera.

 

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La Cartonera [19] fue creada en febrero de 2008 en Cuernavaca, estado de Morelos, México, y fue la primera en ese país y en el resto de América Central. No trabajan con cartoneros: su nombre tiene que ver con el material con el que realizan las tapas de sus libros, y no con los recolectores callejeros, con los cuales no mantienen ninguna relación. Critican el modelo editorial dominante y creen que "publicar libros y revistas en estos tiempos, sin tener una maquinaria financiera y administrativa poderosa, es o un gesto audaz o un sueño guajiro".

Curiosamente, los editores de La Cartonera consideran como su antecedente a Ediciones El Mendrugo, un proyecto de la poeta argentina Elena Jordana, creado en los años 70 [20].

 

Notas

[1] Sarita Cartonera. Wikipedia. [En línea].

[2] La música chicha es un género popular peruano que, allá por los años 80 del siglo pasado, adaptó la música tradicional andina al ambiente y a los ritmos urbanos (p.e. cumbia, tropical, salsa). Representa la cultura del migrante de la Sierra que se desplaza a la ciudad. En la chicha se produce una fusión que, con el tiempo, fue más allá de los ritmos y las melodías, y se extendió a la lengua y los diseños. La cultura chicha es mestiza y urbana; es irreverente, caótica, ruidosa, colorida y llamativa. Una de sus más conocidas expresiones son los carteles de los grupos musicales, hechos a mano con stencil, y que utilizan degradados de colores vivos y fosforescentes.

[3] Sarita Cartonera: experiencia de un proyecto literario, comunitario y solidario. I Encuentro Internacional del Libro Alternativo, 31 de octubre, 2006. [En línea].

[4] Sarita Cartonera, tu mejor cómplice. Yanapaq Cooperación (AECI Perú), 2 de noviembre de 2005, p. 3. [En línea].

[5] Libros, un modelo para armar (LUMPA) . [En línea].

[6] Mandrágora Cartonera Editorial. [En línea].

[7] Friera, Silvina (2008). Hay un espíritu más o menos anarco que nos abarca a todos. Página 12, 3 de junio. [En línea].

[8] Yerba Mala Cartonera. [En línea].

[9] Yerba Mala... cartonera. Colectivo 7 | Vimeo. [En línea].

[10] Biblioteca Yerba Mala Cartonera. Issuu. [En línea].

[11] Animita Cartonera. [En línea].

[12] Vid. p.e. Cereceda Triviño, Carolina Loreto (2008). Animita Cartonera: el Museo, la colección y cosmetización de desechos. [Tesis]. Santiago: Universidad de Chile. [En línea]. La idea aparece asimismo en la ya citada Akademia Cartonera, concretamente en el capítulo de Jane Griffin "Animita Cartonera: the Body and Soul of Literary Production in Contemporary Chile".

[13] Historias de cartón. La Nación, 5 de noviembre de 2006. [En línea].

[14] Bilbija, Ksenija (2009). ¡Cartoneros de todos los países, uníos! Un recorrido no tan fantasmal de las editoriales cartoneras latinoamericanas en el tercer milenio. Akademia Cartonera, p. 17.

[15] Dulcinéia Catadora. [En línea]. También puede consultarse la entrevista en Morris, Adam (2012). Recycling literary culture: A conversation with Lúcia Rosa. Public Books, 18 de junio. [En línea].

[16] Dume, Paula (2009). Editora que usa papelão para confeccionar livros já publicou obras de Xico Sá e Manoel de Barros. Folha de São Paulo, 15 de julio. [En línea].

[17] Tonon, Rafael (2011). Lúcia Rosa e o coletivo Dulcinéia Catadora. Planeta Sustentável, septiembre. [En línea].

[18] Yiyi Jambo. [En línea]. Vid. también Portunhol selvagem: El blog de Douglas Diegues. [En línea].

[19] La Cartonera. [En línea].

[20] El antecedente mexicano. Página 12, 3 de junio de 2008. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 15.12.2015.

Foto: Elaboración de un libro cartonero, de Editorial Ultramarina Cartonera y Digital (enlace)..

El texto corresponde a la sexta parte del artículo "Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades – Historia de las cartoneras latinoamericanas 01

Historia de las cartoneras latinoamericanas (01)

Libros cartoneros (V)


 

En esta sección se describen resumidamente, organizada por países, la historia de las diferentes manifestaciones del fenómeno editorial cartonero en América Latina.

Se ha tomado como base para esta sección el relato de los protagonistas en sus sitios web y blogs, en sus redes sociales y en las entrevistas y reportajes que han recogido y reflejado, con mayor o menor éxito, su trabajo. Asimismo, se han aprovechado investigaciones previas sobre la temática, sobre todo las recogidas en el libro Akademia Cartonera [1] y en tesis como ¡Fuerza Cartonera! [2]. Y se ha consultado una de las mayores colecciones bibliotecarias de libros cartoneros del mundo, ubicada en la Ibero-American Collection de la Universidad de Wisconsin en Madison. Su Cartonera Publisher Database [3], en continuo crecimiento y actualización, incluye unas 55 editoriales y cuenta con alrededor de un millar de ejemplares con sus cubiertas digitalizadas.

 

---

 

En un artículo [4] para Textos de Cartón, Leandro Calle describió someramente el contexto del nacimiento de la primera cartonera en la ciudad de Buenos Aires:

 

Casi como en un cuento fantástico las ciudades cambiaron después de 2001. ¿Se acuerda? Crisis económica, muertos, corralito, varios presidentes en una misma semana, caos y disturbio, desempleo del 18 % y el grito en las calles de: ¡que se vayan todos! No fue hace tanto, históricamente estos acontecimientos sucedieron a la vuelta de la esquina del tiempo. Ya lo decía "el morocho del Abasto": veinte años no es nada, y aún no han pasado veinte años de aquellos sucesos. Lo cierto es que uno de los fenómenos visuales de esa crisis de 2001 fue la aparición de los cartoneros.
De repente, casi mágicamente las calles se poblaron de carros y caballos y un sinnúmero impreciso de personas que revolvían los desechos y la basura buscando cartón, papel, plástico y vidrio. La palabra cartonero cobró un sentido concreto. En Buenos Aires, por ejemplo, en pleno microcentro de la ciudad, emergían estos seres casi misteriosos en el mismo momento del crepúsculo. Provenían de los barrios humildes, de las villas, de la provincia. Algunas viejas paquetas de barrio norte incorporaban en su cuidado lenguaje de "papa en la boca" un áspero "está lleno de negros". Pocos se dieron cuenta del trabajo infantil que allí estaba a la vista de todos, menos aún de las condiciones del trabajo, insalubre y peligroso. De algún modo en muchas ciudades argentinas, la manifestación casi hierofánica de esos seres era como la metáfora cruel de la crisis, era su visibilidad más real y contundente.
Es a partir de este contexto cuando nace la experiencia latinoamericana de las editoriales cartoneras.

 

Y así lo describieron Washington Cucurto y María Gómez en Experimenta Magazine [5]:

 

Desde el estómago mismo de los habitantes, surgieron ideas geniales. Autoorganización, emprendimiento social, autogestión productiva, solidaridad con todos, imaginación y creatividad; todos conceptos que tomaron una fuerza gigante y esperanzadora. Ideas que, ahora me doy cuenta, estaban en nuestro ADN desde principios del siglo XX, desde la llegada de los primeros anarquistas. Organizaciones y microemprendimientos geniales: el club del trueque; las fábricas y talleres gestionados por sus propios trabajadores; las asambleas de vecinos en las plazas, que eran verdaderos caldos de cultivo de organización y amor hacia el barrio; la recuperación de los valores del cooperativismo. Todo sucedía en la calle y fue la primera vez en la historia argentina que la calle fue pública de verdad.
Es lindo pensar que no hubo ni habrá, tal vez, una época de diversidad económica alternativa, de asociativismo, de compartir con los demás, de concientización civil y social más grande que esos tres o cuatro años de los 2000. Ya no se trataba de mejorar o de empeorar, vivimos una situación sin precedentes que pasó rápido y que no volvió a suceder. De hecho, hoy muy pocas organizaciones surgidas de esos años continúan con sus tareas. Eloísa Cartonera es hija de esa época de cambio, pero no sólo es hija, sino que supo mantener los valores y los esfuerzos de aquellos años. Por eso sigue en pie: como el tango, cada día gusta más.

 

Eloísa Cartonera [6], la primera editorial de su tipo y la que marcó el inicio del movimiento, es actualmente una "cooperativa editorial latinoamericana" ubicada en el porteño barrio de La Boca, en Buenos Aires.

Si bien el relato de su creación incluye numerosas y variadas versiones, dependiendo del momento y de la perspectiva ideológica de quien lo escriba [7], puede decirse que Eloísa nació en agosto de 2003, al calor de la crisis socio-económica argentina que estalla a finales de 2001, y que desde su aparición se ha ocupado de editar libros con tapas de cartón reciclado por cartoneros, que ilustran y pintan con témperas de tonos vivos los propios miembros de la cooperativa (entre ellos, muchos cartoneros).

El proyecto fue ideado por el escritor Washington Cucurto y los artistas plásticos Javier Barilaro y Fernanda Laguna. El nombre corresponde a una modelo boliviana de la cual Barilaro habría estado enamorado, una historia romántica que no prosperó. Así lo cuenta Armando Camino en Periodismo Humano [8]:

 

A principios de la década pasada, Fernanda Laguna, Javier Barilaro y Washington Cucurto se juntaron para editar sus textos en Buenos Aires. "Fue medio casual, queríamos difundir lo que escribíamos, no ganar plata", recuerda Santiago Vega, aunque siempre firma sus obras como Washington Cucurto y todo el mundo conoce como Cucu. Arrancaron con fotocopias como páginas, cartones como tapas y la denominación propuesta por Javier Barilaro como sello editorial. Por entonces, Cucurto trabajaba en un supermercado y ya contaba con tres libros de poemas publicados: "Empecé tarde, a los 26 o 27, de casualidad, nomás, porque un compañero de laburo leía mucho y me aficioné". Ahora, tiene 38 años, una hija que corretea junto a él y una veintena de títulos entre poesía y prosa, aparte de numerosos artículos como columnista cultural y deportivo de diversos medios de comunicación.
Tras el primer establecimiento, una verdulería-librería en el porteño barrio de Almagro, Eloísa Cartonera se trasladó durante 2004 a la humilde zona de La Boca, donde alquila un local como taller y tienda a una cuadra del mítico estadio de fútbol Alberto J. Armando y popularmente conocido como La Bombonera. "Mucho más que libros" proclaman letras de vivos colores, pintadas a mano sobre los cristales del comercio en esquina, junto al sello identificativo de la Red La Boca Barracas Turismo Sostenible, alianza de un centenar de iniciativas económicas, sociales y culturales de los dos barrios sureños de la capital federal argentina. Y dentro del negocio, donde se extiende la abundancia de intensas tonalidades, un cartel pregona "el cartón es vida" junto a fotografías del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara, el presidente boliviano, Evo Morales, y el periodista tucumano Tomás Eloy Martínez. No en vano, al igual que el fallecido columnista de La Nación, El País o The New York Times Syndicate, destacadas firmas autorizaron la publicación de antiguos relatos o cedieron los derechos de textos inéditos y, por ello, en las estanterías de Eloísa Cartonera conviven títulos de autores nóveles y alternativos con obras de escritores reputados y comerciales como Ricardo Piglia, César Aira y Rodolfo Fogwill.

 

El trabajo de la editorial se centra en obtener o recibir obras e imprimirlas; para ello, y tras unos comienzos en los que trabajaron con fotocopias o impresiones a chorro, desde 2005 cuentan con una pequeña offset Multilith 1250 que les permitió pasar de tiradas de 200 ejemplares a tiradas de 500 ó 1000. Luego proceden a encuadernarlas, distribuirlas y venderlas a bajo precio. Los cartoneros fueron integrados desde un principio a la cadena de producción, junto con los propios autores de los textos, el equipo de editores y los abundantes colaboradores ocasionales.

En 2008 se transformaron en una cooperativa, una decisión que, más allá de aumentar sus responsabilidades, les permite beneficiarse de ciertas exenciones fiscales, participar de ferias de micro-emprendimientos y obtener aportes de papel y maquinaria del Ministerio de Trabajo nacional. Los beneficios obtenidos con la venta de los libros se utilizan para pagar a los cartoneros, a quienes se les abona un precio diferencial por el material (bastante más alto que el ofrecido por otros intermediarios); una vez cubiertos esos y otros insumos, el resto se reparte a partes iguales entre los miembros de la cooperativa.

En la actualidad su catálogo cuenta con unos 200 títulos, todos ellos de literatura en sus diversos géneros (poesía, cuento, relato breve, teatro, infantil). Además de los circuitos de distribución y venta propios que ha ido creando con los años, Eloísa Cartonera suministra material a algunas librerías, tanto en Buenos Aires como en el interior del país. Incorporarse al mercado librero fue complicado, como señala el propio Cucurto en una entrevista en Página 12 [9]:

 

Nos costaba más entrar en las librerías. Digamos que al principio no les gustaba el precio tan bajo, algunos ni siquiera consideraban de que se trataba de libros. Pero creamos nuestro público a partir de libros breves, fáciles de adquirir, baratos y con autores de vanguardia, desconocidos como Dani Umpi, Enrique Lihn o José Emilio Pacheco. Y otros que ahora son más renombrados como Fabián Casas, Pedro Lemebel o Cucurto. Además, teníamos obras de Horacio Quiroga, Rodolfo Walsh, Julio Cortázar, Copi, Néstor Perlongher, Ricardo Zelarrayán, Leónidas Lamborghini y Ricardo Piglia, entre otros tantos.

 

Eloísa Cartonera surgió junto a multitud de otros movimientos sociales –comedores colectivos, asambleas barriales, clubes de trueque, cooperativas, fábricas tomadas y gestionadas por los trabajadores– en una época convulsa. Una época durante la cual, a falta de otras opciones y oportunidades, se buscaron salidas y se impulsaron proyectos mediante la colaboración, la solidaridad, la autogestión y el cooperativismo. En todos los casos, se echó mano de la inventiva, la creatividad y la alegría –aunque a veces no hubiera razón alguna para tenerla– para intentar construir un futuro, sino mejor, al menos distinto.

 

Notas

[1] Celis Carbajal, Paloma; Bilbija, Ksenija (eds.) (2009). Akademia Cartonera: Un ABC de las editoriales cartoneras en América Latina. Madison (WI): Parallel Press/University of Wisconsin-Madison Libraries. [En línea].

[2] Martínez Arranz, Beatriz (2013). ¡Fuerza cartonera! Un estudio sobre la cultura editorial cartonera y su comunicación. [Tesis]. Valladolid: Universidad de Valladolid. [En línea].

[3] Cartonera Publishers Database. [En línea]. La Widerner Library de la Harvard University tiene, asimismo, una bien provista colección de estos ejemplares, y la universidad cuenta con su propio programa de edición cartonera (con las reservas y paralelos del caso), llamado Pre-Text (ver).

[4] Calle, Leandro (2013). Noticias de cartón. Textos de Cartón, 12 de mayo. [En línea].

[5] Cucurto, Washington; Gómez, María (2014). Eloísa Cartonera. ¡Te amo, te odio, dame más! Experimenta Magazine, 66. [En línea].

[6] Eloísa Cartonera. [En línea]. Sobre la editora se han escrito, entre otras cosas, un par de tesis: Eloísa Cartonera, mucho más que libros (Cáceres, Angelina; Codoni, María Florencia; Fabiano, Georgina Luján. La Plata: Universidad Nacional de La Plata, 2012) y Eloísa Cartonera: los papeles instrumentales y simbólicos de un nuevo fenómeno literario (Buter, Sanne. Leiden: Universiteit Leiden, 2014). Su andadura también está recogida en libros como Late Book Culture in Argentina (Craig Epplin. Londres/Nueva York: Bloomsbury Academic, 2014).

[7] Vid. p.e. lo que cuenta Unscratchable (ver) o Huckmagazine (ver), y compárese esas visiones, un tanto idealizadas, con la de la revista Al Filo de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (ver) o con el relato del propio Washington Cucurto, uno de los fundadores, en el periódico Página 12 (ver), estos últimos mucho más acordes con la narrativa incluida en el propio sitio web de Eloísa Cartonera.

[8] Camino, Armando (2011). Libros de amor y cartón. Periodismo Humano, 3 de mayo. [En línea].

[9] Ruchansky, Emilio (2013). Si no había recursos se ponía ingenio. Página 12, 19 de febrero. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 08.12.2015.

Foto: Elaboración de un libro cartonero, de Eloísa Cartonera (enlace)..

El texto corresponde a la quinta parte del artículo "Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades – Posibilidades y conclusión

Posibilidades - Conclusión

Libros cartoneros (IV)


 

Posibilidades

 

Antes del nacimiento de la primera cartonera, las maestras y los bibliotecarios escolares de Argentina no eran ajenos a elaborar libros con tapas de cartón. Reparar volúmenes viejos y rotos por cuenta propia usando técnicas básicas, y fotocopiar los ejemplares más demandados y encuadernarlos con cartón y papel de forrar habían sido y siguen siendo prácticas comunes en muchas bibliotecas públicas y populares (y en algunas universitarias) en todo el país. Hacer encuadernar apuntes mecanografiados fue una práctica muy difundida entre estudiantes universitarios, al menos hasta los años 70' del siglo pasado. Como lo fue (y lo sigue siendo) la auto-publicación de autores "poco conocidos", que hacían imprimir sus obras en imprentas de barrio o de pueblo y las distribuían y vendían personalmente. O la difusión, en ferias, "mercados de pulgas" u otros eventos populares, de breves escritos literarios y poéticos garrapateados o mecanografiados en hojas sueltas.

Los libros artesanales, las cubiertas pintadas a mano, los cuadernos cosidos con telas y coloreados con óleos y crayones existían desde hacía mucho, como sabe cualquier visitante de las alucinantes ferias de artesanía argentinas. Los proyectos de elaboración manual de libros y otros materiales de lectura en comunidades excluidas o con población en riesgo de exclusión también habían existido anteriormente.

En Argentina y en el resto de América Latina, el mundo editorial siempre había sido "desafiado" por editoriales independientes, por movimientos sociales y culturales de base, por asociaciones y por instituciones (sobre todo escuelas y bibliotecas) que pretendían "bajar a tierra" la cultura, "democratizarla", quitarle cualquier traba que impidiera su libre acceso y disfrute... La crítica al esquema comercial editorial, y el análisis del libro como herramienta del sistema hegemónico, siempre habían estado presentes.

Eloísa Cartonera, y todas las editoriales y grupos que aparecieron tras ella, llevaron la idea un paso más allá al darle un esquema organizativo y un "producto" más o menos definido, y al proveerla de una forma de trabajo sistematizada.

 

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En principio, la metodología de fabricación y distribución de libros "cartoneros" debería describirse, documentarse cuidadosamente (desde los aspectos técnicos y estilísticos hasta los legales), y publicarse y distribuirse, tanto en línea como en papel, como un conjunto de recursos en acceso abierto [1] a disposición de cualquiera que quiera y pueda utilizarlos. En torno a esa metodología –y a los libros como sus productos finales– tendrían que generarse plataformas y redes abiertas [2] (digitales y físicas) de colaboración entre todos los actores involucrados, que permitan la interacción, la mejora, la experimentación y la creación de vínculos en torno a objetivos, proyectos e ideas comunes. Al convertir estos saberes en un bien comunitario se minimizarían los riesgos de cooptación y apropiación, así como los avances mercantilistas de ciertos sectores elitistas.

Una vez establecidos esos cimientos, pueden explorarse numerosas líneas de acción. La producción de libros "cartoneros" podría vincularse con una amplia serie de estrategias e iniciativas emancipadoras, especialmente (pero no únicamente) en países en vías de desarrollo.

La creación sistemática y planificada de libros "cartoneros" dentro del sistema escolar, sobre todo en escuelas ubicadas en barriadas periurbanas y áreas rurales, podría proporcionar a éstas una parte importante de los materiales didácticos (p.e. de aprendizaje y práctica de la lecto-escritura) utilizados en las aulas, generalmente escasos y costosos. La misma acción puede desarrollarse dentro de redes de bibliotecas públicas, populares y rurales, siempre necesitadas de nuevos materiales con los que renovar, enriquecer o incluso crear sus colecciones. Por su parte, muchas sociedades originarias y minorías étnicas o lingüísticas podrían beneficiarse enormemente de este tipo de proyectos, dado que sus materiales escritos son escasamente publicados y, cuando lo son, suelen ser gestionados por actores externos como elementos de interés antropológico.

Escuelas y bibliotecas (dos ejemplos tomados de un enorme abanico de posibles colectivos, sectores y organizaciones) pueden encargarse ellas mismas de la elaboración de los libros, o bien proveer espacios de trabajo (y tecnologías de búsqueda, visualización, descarga e impresión) para grupos editores cartoneros de su comunidad. Los ejemplares hechos localmente podrán reflejar contenidos (p.e. tradición oral) y autores/artistas de la zona, en formatos amigables y baratos, y respondiendo a necesidades concretas (p.e. recuperación de lenguas amenazadas, difusión de información sanitaria, apoyo a la educación pre-escolar y primaria). En el proceso de producción podrán involucrarse distintos actores: desde colectivos culturales hasta agencias gubernamentales.

El libro "cartonero" permite el trabajo en grupos de colaboradores pequeños, horizontales e independientes; esas estructuras, flexibles y adaptables, pueden reformularse y reorganizarse según vayan cambiando las necesidades y los intereses del colectivo. Con la debida preparación y planificación, los grupos pueden actuar sobre problemas puntuales en lugares concretos, consiguiendo resultados en un tiempo relativamente breve con insumos mínimos y un producto de una calidad más que aceptable. Dado que los métodos de trabajo son simples (aunque puedan complejizarse hasta donde se pueda o se desee), los resultados pueden replicarse en cualquier lugar en donde se den las mínimas condiciones para actuar; las técnicas empleadas, por su parte, pueden enseñarse y aprenderse (es decir, transferirse) con facilidad y rapidez. El libro "cartonero" puede ser utilizado en un amplio abanico de tareas y actividades, y para distribuir cualquier tipo de información o contenido: el único límite, además de los recursos, es la imaginación.

 

Conclusión y epílogo

 

En el frío y húmedo invierno porteño de 2003 nació Eloísa Cartonera, una propuesta que dio visibilidad pública a los libros "cartoneros" y, al mismo tiempo, un modelo medianamente estructurado en el cual se inspiraron buena parte de los colectivos cartoneros actuales, con más o menos fidelidad, con más o menos fortuna, y con resultados más o menos divergentes.

Más allá de las editoriales y los movimientos nacidos a su alrededor, el libro "cartonero" es, hoy por hoy, una propuesta que une en sí misma arte y lectura, palabras y dibujos, saberes de todo tipo, un toque de compromiso, y la belleza de lo sencillo, de lo libre, de lo hecho por uno mismo. En medio de una situación social mundial generalmente injusta, caótica a veces, cruel otras, en donde parece quedar poco margen para la independencia, el libro "cartonero" sugiere que, a pesar de las durezas, aún hay lugar para la esperanza y los sueños.

 

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La esperanza y los sueños, sin embargo, no están libres de ser cooptados.

Según se indica en Akademia Cartonera [3], los libros "cartoneros" latinoamericanos ya se pueden comprar en muchas librerías universitarias de los EE.UU. por un precio similar al de cualquier otro libro estándar. La diferencia entre el valor original del libro en el Sur y el precio que se paga en el Norte no es repartida entre los que produjeron el volumen.

Y si algún estudiante quisiera sacar un ejemplar "cartonero" de la biblioteca de su facultad, descubriría que está guardado en una colección especial, y que necesitaría un permiso especial para tocarlo siquiera.

 

Notas

[1] El método de producción de libros "cartoneros" puede resumirse en un puñado de conceptos básicos para los cuales no se precisa una capacitación intensiva: algunas explicaciones claras, provistas de ejemplos prácticos sencillos (con fotos y videos didácticos), bastarían para que la idea de realizar libros "cartoneros" pueda materializarse en muchos lugares sin necesidad de patrocinios o talleres. El conjunto básico inicial puede complementarse y ampliarse más adelante con datos sobre selección y aprovechamiento de distintos materiales, y técnicas de impresión, ilustración y encuadernación.

[2] Una vez elaborados, los contenidos de los libros "cartoneros" (desprovistos de derechos de autor) pueden digitalizarse para facilitar su distribución, aprovechamiento y uso libre por parte de terceros. A través de la puesta en circulación de estos documentos y de su aplicación en otros contextos se puede obtener un valioso feedback que permitiría corregir errores, mejorar/enriquecer los materiales o explorar otras posibilidades.

[3] Bilbija, Ksenija (2009). ¡Cartoneros de todos los países, uníos! Un recorrido no tan fantasmal de las editoriales cartoneras latinoamericanas en el tercer milenio. Akademia Cartonera, p. 25.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 01.12.2015.

Foto: Libro cartonero, de Hijos del átomo (enlace)..

El texto corresponde a la cuarta parte del artículo "Libros cartoneros: Olvidos y posibilidades", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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