Los descendientes de Sin-ibni – Relatos de una biblioteca babilónica

Antigua literatura religiosa

Relatos de una biblioteca babilónica (III)


 

Las tablillas de la Temple Library at Babylon fueron escritas por sacerdotes-copistas que recogían textos religiosos transmitidos de generación en generación desde que se alzaron las primeras ciudades entre los ríos Tigris y Éufrates.

La literatura religiosa mesopotámica fue desarrollada por los sumerios y heredada por todas las civilizaciones posteriores, que fueron adaptándola y agregándole sus propios aportes. Desde su origen se dividió en textos para los servicios públicos y para los servicios privados (Langdon, 1909). Los primeros incluían los cantos compuestos e interpretados en los grandes templos de las ciudades-estado por los sacerdotes-cantores gala (en sumerio) o kalû (en acadio), y los segundos, los encantamientos y oraciones usados por adivinos (barû), hechiceros y magos (mashmashshu o ashipu). Los magos espantaban demonios, fantasmas y malos espíritus, mientras que los adivinos leían el futuro en entrañas, fenómenos naturales, sueños, astros, etc.; su rol en la religión pública aún se discute (vid. p.e. Delaporte, 1925/1996).

Los textos religiosos públicos eran declamados/cantados por los kalû con el acompañamiento de una melodía instrumental, y usando un sociolecto de la lengua sumeria conocido como eme-sal. Las fuentes señalan, por ejemplo, que durante la Tercera Dinastía de Ur (Ur III, Imperio Neo-Sumerio, ca. 2112-2004 a.C.), la ciudad-estado de Lagash tuvo 62 sacerdotes kalû, que desempeñaban sus funciones junto a 180 vocalistas e instrumentistas.

Los sumerios clasificaron los textos para los servicios públicos según el nombre del instrumento musical que los acompañaba (flauta, lira, etc.); las sociedades posteriores mantuvieron este esquema. Inicialmente los más populares eran los er-shem-ma, "salmos de la flauta". Al parecer fueron la forma más temprana de salmo o himno religioso sumerio y eran, sobre todo, lamentos rituales: cantos de intercesión ante las divinidades, con invocaciones laudatorias que buscaban su piedad (Kuiper, 2011).

Cuando los servicios religiosos públicos evolucionaron y se hicieron más largos y complejos, hacia el primer milenio a.C., los textos se convirtieron en partes o secciones de una "serie" (Luckenbill, 1909); la longitud estándar de esas series se fijó en seis tablillas. El género preferido durante ese periodo histórico fue el balag, nombre que designaba al instrumento musical que acompañaba el canto, probablemente un arpa. Los balag eran lamentos por la destrucción de una ciudad, y derivaban de los célebres y renombrados lamentos colectivos compuestos por los sumerios cuando cayó la Tercera Dinastía y la ciudad-estado de Ur fue arrasada en el marco de una invasión elamita, en 2004 a.C. Los balag solían incluir, al final y como cierre de la liturgia, un er-shem-ma, género que mantenía su popularidad.

Además de estos himnos y lamentos públicos, también los hubo privados, utilizados por los particulares para orar a los dioses y plantear sus propios asuntos. Comenzaron siendo cartas grabadas sobre ofrendas votivas (p.e. estatuillas) o escritas en tablillas pequeñas, y terminaron convirtiéndose en los ershahunga, "lamentos que calman el corazón [de la deidad]". Estos se recitaban en los santuarios en caso de enfermedad, para librarse de los enemigos o para pedir el perdón de un pecado (Michalowski, 1987; Bachvarova, 2008; Longman III, 2008).

 

Notas

[1] Los kalû asirios y babilonios, a pesar de hablar lenguas acadias, seguían cantando y recitando en eme-sal (el sumerio había desaparecido como lengua cotidiana hacía siglos, pero se mantenía su uso litúrgico). Existía, de todas formas, un cuerpo de literatura religiosa en lengua acadia, aunque de menor envergadura y prestigio.

 

Bibliografía citada

Bachvarova, Mary R. (2008). Sumerian Gala Priests and Eastern Mediterranean Returning Gods: Tragic Lamentation in Cross-Cultural Perspectives. En Suter, Ann (ed.). Lament: Studies in the Ancient Mediterranean and beyond. Nueva York: Oxford University Press.

Delaporte, L. (1925/1996). Mesopotamia: The Babylonian and Assyrian Civilization. Abingdon: Routledge.

Kuiper, Kathleen (ed.) (2011). Mesopotamia: The World's Earliest Civilization. Nueva York: Britannica Educational Publishing.

Langdon, Stephen (2010). Sumerian Liturgies and Psalms. Alexandria: Library of Alexandria.

Longman III, Tremper (2008). Psalms 2: Ancient Near Eastern Background. En Longman III, T.; Enns, P. (eds.). Dictionary of the Old Testament: Wisdom, Poetry and Writings. Downers Grove (IL): InterVarsity Press, pp. 593-605.

Luckenbill, D. D. (1909). A Neo-Babylonian Catalogue of Hymns. The American Journal of Semitic Languages and Literatures, 26(1), pp. 27-32.

Michalowski, Piotr (1987). On the Early History of the Ershahunga Prayer. Journal of Cuneiform Studies, 39(1), pp. 37-48.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 23.02.2016.

Foto: Inscripción cuneiforme del acueducto de Jerwan, de Ancient History et cetera (enlace).

El texto corresponde a la tercera parte del artículo "Los descendientes de Sin-ibni – Relatos de una biblioteca babilónica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Los descendientes de Sin-ibni – Relatos de una biblioteca babilónica

Una biblioteca familiar

Relatos de una biblioteca babilónica (II)


 

Entre los años 230 y 85 a.C., una familia de intelectuales babilonios con un alto nivel educativo y muy versados en la literatura clásica de culto se dedicaron a copiar y a editar, para su colección personal, himnos religiosos originalmente compuestos entre dos y tres milenios antes. El trabajo que realizaron fue exquisitamente cuidadoso: tomaron varias fuentes (tanto sumerias como babilonias y asirias) como referencia para elaborar sus copias, y fueron registrando todas las variantes del texto que pudieron encontrar.

La biblioteca privada de esta familia terminó siendo una de las últimas de su especie. El Imperio Arsácida impuso el zoroastrismo como religión, enterrando bajo su peso a todas las creencias anteriores. Y con la activa labor de los sacerdotes zoroastristas se popularizó la escritura oficial arsácida, el pahlavi, derivada del arameo. Hacia el siglo I a.C. la escritura cuneiforme y los saberes clásicos comenzaron a desvanecerse y poco después terminaron desapareciendo por completo.

La colección se conoce, en la literatura académica, como la Temple Library at Babylon, y la información sobre su hallazgo es escasa. Parte de las tabletas se encuentran en el Altes Museum de Berlín, que las adquirió en 1886. Su existencia fue divulgada por el arqueólogo estadounidense George Reisner a través de un extenso artículo (1896) en el que reprodujo sus contenidos. En la década de los 80 del siglo pasado se descubrió que algunas de las tablillas cuneiformes conservadas en el Metropolitan Museum de Nueva York [1] pertenecían a la misma biblioteca privada babilónica (los mismos escribas de la misma familia trataban los mismos temas con el mismo estilo, e incluso algunos fragmentos neoyorquinos completaban tablillas berlinesas rotas); hasta el momento, ninguno de los dos museos ha hecho intento alguno de reunirlas.

El análisis de los textos realizado por Reisner aportó valiosos datos. En principio, el arqueólogo se dedicó a revisar los colofones, fragmentos de información que los escribas colocaban al final de las tablillas cuneiformes. Generalmente incluían el nombre del autor, y la fecha y el lugar en los que se produjo el documento (Walker, 1990). En las piezas que componen la Temple Library at Babylon, tales colofones se ajustan al siguiente modelo:

 

Extracto número x de [sección o serie], que repite el extracto de la tabla larga realizado por NN, hijo de NN, descendiente de Sin-ibni, y copiado por NN, [grado de parentesco], escriba-kalû de Marduk.
En Babilonia, a x del mes x del año x. NN es rey.

 

Un ejemplo concreto de colofón es el hallado en la serie An-na e-lum-e:

 

Extracto uno de An-na e-lum-e, sin completar, que repite el extracto de la tabla larga realizado por Ea-balatsu-ikbi, hijo de Bel-apla-iddin, descendiente de Sin-ibni, y copiado por Ilishu-zera-epush, su hijo, escriba-kalû de Marduk.
En Babilonia, [...] año 112 [de la era Seléucida], que es el año 175 [de la era Arsácida], siendo Arsaces rey de reyes.

 

A través de estos fragmentos, Reisner descubrió que los autores firmantes fueron, sobre todo, los apil sin ibni: los descendientes de un tal Sin-ibni. La producción de las tablillas que componían la biblioteca fue, pues, un asunto de familia.

Recolectando datos y ordenándolos cronológicamente, el arqueólogo pudo elaborar un árbol genealógico que incluiría al susodicho Sin-ibni, a su hijo Bel-apla-iddin, a su nieto Ea-balatsu-ikbi, e incluso a sus bisnietos Bel-apla-iddin, Ilishu-zera-epush y Ea-balatsu-ikbi. Hay asimismo firmas "esporádicas" de algunos escribas que no habrían sido miembros de la familia: Bel-shunu, Bel-na'din-shumi, Bel-uballit-su, o Bel-uballit hijo de Bel-balatsu-ikbi hijo de Iddina-pap-sukkal.

Los descendientes de Sin-ibni eran, además de escribientes, sacerdotes kalû del dios Marduk, que habrían transmitido y heredado el cargo a través de las generaciones. De hecho, la gran mayoría de las tablas recuperadas de la Temple Library at Babylon llevan, como cabecera, la dedicatoria ina amât ilu Bel u ilu Belti-ya: "A instancias de mi Señor [Marduk] y mi Señora [Sarpanit]". Marduk era el dios-patrón de la ciudad de Babilonia; cuando ésta se convirtió en la principal urbe del sur de Mesopotamia, la deidad pasó a ocupar la cumbre del panteón regional [2] y su consorte, Sarpanit, se convirtió en la diosa-madre.

Las fechas incluidas en los colofones llevan una doble datación: las de las eras seléucida (griega) y arsácida (persa). La primera fue un sistema de numerar los años utilizado por el Imperio Seléucida, que tomaba como punto inicial del calendario la reconquista de Babilonia por Seleuco I Nicator en 311 a.C. El calendario arsácida, por su parte, comenzaba en el 248 a.C., año en el que el Imperio Arsácida sucedió a los seléucidas.

Las fechas corresponden sobre todo al periodo comprendido entre los años 81 y 137 de la era seléucida, es decir, 230 a 174 a.C. Este rango temporal incluiría los reinados de Seleuco II Calinico, Antíoco III El Grande y Seleuco IV Filopátor. Asimismo, en los colofones de las tablillas aparecen menciones a reyes arsácidas contemporáneos, como Arsaces I y Arsaces II.

Hay ejemplos puntuales de tablillas más tardías, datadas bajo los reyes seléucidas Antíoco IV Epífanes (175-164 a.C.), Demetrio I Sóter (161-150 a.C.), Alejandro Balas (150-146 a.C.) y Antíoco VI Evergetes/Sidetes (138-129 a.C.).

 

Notas

[1] Vid. p.e. Cuneiform tablet: dilmun nigin-na, ershemma, to Marduk. The Metropolitan Museum of Art. [En línea].

[2] Marduk sustituyó a otras deidades locales y regionales, lo cual certificó la supremacía de la ciudad-estado de Babilonia sobre todas las otras ciudades-estado mesopotámicas no solo a nivel material, sino también a nivel ideológico y espiritual. Muchas leyendas se re-escribieron para adecuarlas a esta nueva situación, como puede comprobarse cuando se revisan versiones más antiguas de determinados ciclos míticos (p.e. las hazañas épicas y creadoras de otros dioses le fueron adjudicadas a Marduk).

 

Bibliografía citada

Reinser, George (1896). Sumerisch-Babylonische Hymnen nach Thontafeln griechischer Zeit. Mittheilungen aus den Orientalischen Sammlungen, 10. Berlín: Königliche Museen – W. Spemann.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 16.02.2016.

Foto: Tableta cuneiforme, de Linking to thinking (enlace).

El texto corresponde a la segunda parte del artículo "Los descendientes de Sin-ibni – Relatos de una biblioteca babilónica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Los descendientes de Sin-ibni – Relatos de una biblioteca babilónica

El respeto por los signos antiguos

Relatos de una biblioteca babilónica (I)


 

Babilonia, antigua Mesopotamia. Siglo II a.C. Tras su caída bajo el yugo de Alejandro Magno (333 a.C.) y su paso a manos de los griegos Seléucidas (312 a.C.), la majestuosa ciudad de los célebres Jardines Colgantes había sufrido un fuerte proceso de helenización: la mezcla –más o menos impuesta, más o menos ecléctica– de la lengua, las creencias, las costumbres y las expresiones propias de sus habitantes con las de la civilización griega.

Para intentar sobrevivir, el sistema cultural local echó mano de formas de resistencia que, en muchos casos, pasaron por el uso de las bibliotecas y sus libros. O, mejor dicho, sus tablillas.

Black (2004) describe una situación sumamente curiosa que se produjo durante ese periodo histórico y que es indicativa de la fuerza que mantuvieron ciertas tradiciones mesopotámicas tras la conquista griega. Las clases acomodadas de Babilonia –en líneas generales, los residentes greco-hablantes– enviaban a sus hijos a escuelas de escribas para alfabetizarlos y sentar así las bases fundamentales de su educación (un lujo que solo determinados sectores sociales podían permitirse). En esas escuelas los alumnos no sólo aprendían a leer y a escribir en los alfabetos griego y arameo, las lenguas más utilizadas en aquel lugar y en aquel momento, sino también en el sistema de escritura cuneiforme: un sistema que, si bien autóctono y con siglos de historia a sus espaldas, para aquella época ya tenía escasos puntos de contacto con la realidad cotidiana babilónica, y mucho menos con la identidad cultural de los influyentes y poderosos recién llegados.

El proceso de aprendizaje se ceñía al sistema educativo tradicional mesopotámico, bastante diferente del griego: con un cálamo de caña y una plancha de arcilla fresca en las manos, los educandos comenzaban copiando largas listas de palabras, que memorizaban a fuerza de repeticiones y cuya correcta ortografía terminaban asimilando tras innumerables ensayos, errores y correcciones. En etapas posteriores pasaban a replicar textos religiosos o administrativos, mucho más largos y complejos, y terminaban trabajando con obras literarias. Por lo general, en una cara de la tablilla los aprendices marcaban, con pequeñas muescas que hundían la arcilla, signos cuneiformes: vocablos y frases en lengua sumeria o acadia que a veces tenían más de tres milenios de antigüedad. En la otra cara de la tablilla, y con el mismo cálamo, los estudiantes trazaban las letras griegas o arameas para apuntar una transcripción fonética de las palabras anteriores, o una traducción de las mismas al griego o el arameo [1] (Dalley y Reyes, 1998; Boiy, 2004; Geller, 2012).

Tanto el sumerio como el acadio habían dejado de hablarse de forma corriente varios siglos antes. Aún así, seguían siendo los idiomas clásicos enseñados y empleados para codificar todo tipo de conocimientos, no solo en Babilonia, sino en el resto de Mesopotamia. Lejos de desaparecer con la llegada de otras lenguas y alfabetos (y de los nuevos conocimientos e ideas que transmitían), la escritura cuneiforme y los textos sumerios, babilónicos y asirios se mantuvieron como prestigiosos repositorios del saber antiguo y tradicional (DCCLT, 2003): quedaron asociados a instituciones, creencias y autoridades cuyos orígenes se perdían en el tiempo, y que eran consideradas como las auténticas raíces de la identidad regional. De ahí que se los tratara con absoluto respeto, e incluso con cierta veneración (Martin, 2007).

Los últimos rezagos de ese respeto por las tradiciones y las lenguas de los tiempos clásicos pueden apreciarse en una colección de tablillas hallada en Babilonia y actualmente repartida entre varios museos del mundo. Tales tablillas fueron escritas en un momento histórico en el cual al griego y al arameo se sumó la lengua parta y la cultura del Imperio Arsácida, que dominó una Babilonia verdaderamente multicultural a partir del 150 a.C.

 

Notas

[1] El Museo Británico conserva un buen muestrario de los ejemplos más tempranos de este tipo de tablillas "dobles", que recogen textos cuneiformes en acadio (concretamente, en babilonio tardío) por un lado y su transliteración/traducción griega por el otro. Estos documentos contienen plegarias, himnos religiosos, encantamientos, listas de términos especializados, y porciones de un célebre glosario enciclopédico babilónico conocido como urra=hubullu.

 

Bibliografía citada

Black, Jeremy (2004). Lost libraries of ancient Mesopotamia. En Raven James (ed.). Lost libraries. The destruction of great book collections since Antiquity. Nueva York: Palgrave Macmillan, pp. 41-57.

Boiy, T. (2004). Late Achaemenid and Hellenistic Babylon. Lovaina: Peeters Publishers.

Dalley, S.; Reyes, A. T. (1998). Mesopotamian Contact and Influence in the Greek World. En Dalley, S. (ed.). The Legacy of Mesopotamia. Oxford: University Press, pp. 85-124.

DCCLT [Digital Corpus of Cuneiform Lexical Texts] (2003). Introduction: What is a Lexical List. [En línea].

Geller, M. J. (2012). Graeco-Babyloniaca. The Encyclopedia of Ancient History Online. [S.l.: Wiley. [En línea].

Martin, Matthew J. (2007). Writing Divine Speech: Greek transliterations of Near Eastern languages in the Hellenistic East. En Cooper, Craig Richard (ed.) The Politics of Orality. Vol. 6. Orality and literacy in Ancient Greece. Leiden: Koninklijke Brill NV, pp. 251-274.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 09.02.2016.

Foto: Tableta cuneiforme, de Antiquity Now (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "Los descendientes de Sin-ibni – Relatos de una biblioteca babilónica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Libros raros: Paginas extrañas y curiosas

Los manuscritos de la tierra del Dragón de Jade

Libros raros (V)


 

Los Naxi (Nakhi, Naqxi, Naqsi, Nasi) son una de las 56 sociedades consideradas "grupos étnicos minoritarios" por la República Popular China. Con 240.000-310.000 individuos censados, viven en la prefectura de Lijiang y el condado autónomo de Yulong Naxi, al noroeste de la provincia de Yunnan (suroeste de China), así como al suroeste de la de Sichuan, y en las regiones fronterizas de la vecina región autónoma de Tibet y de Birmania.

Junto con los Mosuo, los Pumi, los Yi y los tibetanos, los Naxi serían descendientes del antiguo pueblo Qiang (Ch'iang), que pobló el noroeste de China (provincia de Gansu). Durante las dinastías Sui (581-618 d.C.) y Tang (618-907 d.C.) fueron conocidos como Mosha-yi o Moxie-yi. Pastores nómadas y excelentes jinetes, tras un largo periodo de migraciones hacia el sur se establecieron en el área de Lijiang, en las tierras más fértiles en las riberas de ríos como el Nujiang y el Jinsha, desplazando a pueblos que se vieron forzados a asentarse en las colinas, mucho menos productivas. Con los Bai y los tibetanos se ocuparon del riesgoso comercio con Lhasa y la India a través de los pasos montañosos del Himalaya, siguiendo la llamada Cha Ma Dao o "Ruta del Té y los Caballos". A partir del siglo XIII sumaron la agricultura al pastoreo y a la cría de caballos. El taoísmo ya era respetado entre ellos desde el siglo X, y el budismo tibetano entró en la región hacia el siglo XIV, aunque los Naxi siguieron practicando sus creencias tradicionales de la mano de sus sacerdotes/chamanes, conocidos como Dongba (DtoMba, Tomba, Tompa; término que significa "hombre sabio"). Esos sacerdotes aún perpetúan un sistema de ritos similares a los de la religión Bön de Tibet, fuertemente animista y basado en la relación del hombre con la naturaleza y sus dioses protectores.

El idioma naxi es una lengua tonal que pertenece a la rama yi (o, según algunos autores, a la lolo-búrmica) de la familia lingüística tibetano-birmana (Lu, 2005). Ha sido muy influida por las distintas lenguas chinas, por el tibetano y por las lenguas bai (de hecho, los ancianos suelen ser bilingües, dominando alguna de estas dos últimas) y, según algunas fuentes, actualmente se encontraría bajo una seria amenaza de desaparición, pues solo el 5% de los niños habla el idioma como lengua materna (el resto habla chino mandarín).

Los Naxi fueron "descubiertos" para el mundo occidental por el botánico estadounidense Joseph Rock (que publicó en National Geographic) y el viajero y escritor ruso Peter Goullart (autor de Forgotten Kingdom). Ambos vivieron en Lijiang a principios del siglo XX, y mantuvieron un estrecho contacto con la cultura Naxi. A día de hoy Lijiang continúa siendo el centro urbano más importante de los Naxi, y una de las ciudades más antiguas de China. Ubicada a la sombra del Yulongxue Shan o "Nevado del Dragón de Jade", es un atractivo para los turistas tanto por su valor histórico como por los impresionantes escenarios paisajísticos que la rodean.

A pesar de las condiciones medioambientales extremadamente difíciles y de la falta de recursos materiales, los primeros Naxi nómadas se las ingeniaron para crear una cultura única, la cual, una vez asentados, continuó transmitiéndose (y enriqueciéndose) sobre todo a través de canales orales, pero también mediante documentos escritos. Pues los Naxi desarrollaron un sistema de escritura pictográfica conocido, en los círculos académicos, como dongba, que todavía sobrevive y que los ha vuelto célebres (Zhou, 991).

Llamado SsDgyu (registros en madera) o LvDgyu (registros en piedra) por los propios Naxi, este sistema de escritura ha sido denominado dongba porque fue y es usado exclusivamente por los sacerdotes, los únicos que han sabido codificar y leer su lengua a lo largo de la mayor parte de la historia de su pueblo. Los dongba eran religiosos a tiempo parcial, que confiaban sus leyendas, oraciones, rezos, fórmulas y exorcismos a "cuadernos ayuda-memorias". De hecho, los manuscritos dongba existentes en la actualidad suelen versar sobre temáticas religiosas, aunque en ellos se incluye (a veces de manera indirecta o tangencial) buena parte de la cultura Naxi, que por ello también ha sido denominada (incorrectamente) "cultura dongba" (danzas dongba, arte dongba, indumentaria dongba...).

El sistema de escritura pictográfica funcionaba sobre todo como una herramienta mnemónica: los signos eran "disparadores" que permitían repetir textos litúrgicos o rituales más o menos memorizados (o, en el peor de los casos, improvisarlos siguiendo una línea argumental medianamente definida por los "dibujos"). El 90% de los signos eran pictogramas, aunque algunos eran usados por su valor fonético, siguiendo el principio pro rebus de los pasatiempos conocidos como "jeroglíficos". En caso de que el signo no fuera lo suficientemente claro en su representación gráfica, se agregaba una nota anexa en geba (NgoBaw): un silabario Naxi compuesto por unos 2.000 símbolos; probablemente derivado del silabario yi e influido por los ideogramas chinos. El geba se usa muy poco: solo para escribir mantras o, como queda dicho, para glosar los pictogramas dongba que pudiesen resultar confusos.

Los dongba solían escribir con cálamos de bambú y tinta de hollín sobre hojas de un grueso y áspero papel elaborado localmente, que eran luego encuadernadas con hilos fuertes y tapas coloridas.

Desde 1867, cuando el misionero francés Auguste Desgodins mandó un manuscrito a Europa, los textos dongba no han dejado de salir de China; se cree que alrededor de 10.000 se habrían perdido, y otros 5.118 han sido localizados en Europa y América del Norte. Una de las mayores colecciones (3.342 manuscritos) se encuentra en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Otros 598 (510 donados por Joseph Rock) se conservan en la Biblioteca Yenching de Harvard, que los ha digitalizado. Y varios más, por último, se encuentran repartidos entre la British Library de Londres, la Staatsbibliothek en Berlín y la Rylands Library de Manchster.

El Instituto de Investigación Cultural Dongba de Lijiang posee unos 1.000 volúmenes, datados entre el 30 y el 907 d.C. Parte del programa "Memory of the World" de la UNESCO (2012), esos textos recogen toda suerte de aspectos histórico-culturales de la sociedad Naxi: desde los mitos de creación hasta la vida social, pasando por filosofía, economía, asuntos militares, cultura, astronomía y agricultura. Evidentemente, incluyen asimismo toda la vida religiosa Naxi: oraciones y bendiciones, ofrendas de sacrificios para exorcizar espíritus malignos, cantos en funerales (para expiar los pecados del difunto) y rituales de adivinación.

Los documentos chinos señalan que la escritura dongba ya se practicaba hacia el siglo VII, durante la temprana dinastía Tang, y que para el siglo X (dinastía Song) era ampliamente utilizada. La Revolución Comunista china de 1949 desalentó su uso, y durante la Revolución Cultural, muchísimos manuscritos fueron destruidos. En 1957 el gobierno chino creó un sistema de escritura fonográfico basado en el alfabeto latino para el idioma naxi. En la actualidad quedan unos sesenta chamanes (casi todos mayores de 70 años) y un reducido puñado de lingüistas que pueden escribir los pictogramas y leer los manuscritos. Dado que conocer el sistema y tener una buena base de vocabulario como para manejarlo correctamente lleva alrededor de quince años, pocos Naxi quieren aprenderlo, teniendo en cuenta, además, que las prácticas religiosas tradicionales han perdido fuerza en los últimos tiempos y que es mucho más sencillo, para las nuevas generaciones, escribir el naxi en alfabeto latino o, en última instancia, utilizar el chino.

Los pictogramas Dongba son de un gran valor para el estudio del origen y el desarrollo de las lenguas escritas. Y es la única escritura de este tipo que sobrevive en el mundo. De ahí los esfuerzos de los lingüistas por recolectar los testimonios y saberes de sus últimos escribas: viejos dibujantes de historias que semejan viñetas, que aún sostienen sus pinceles y sus cálamos de caña a los pies de las Montañas del Dragón de Jade.

 

Bibliografía citada

Lu, Yungyao (2005). The recipient construction in Naxi. [Tesis]. Honolulu: University of Hawai'i.

UNESCO (2012). Memory of the World. París: UNESCO/Memory of the World Programme.

Zhou, Youguang (1991). The family of Chinese Character-Type Scripts. Sino-Platonic Papers, 28.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 02.02.2016.

Foto: Símbolos dongba, de Tumblr (enlace).

El texto corresponde a la quinta y última parte del artículo "Libros raros: páginas extrañas y curiosas", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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