Seis materiales, seis escrituras

Cerámica | Griego

Seis materiales, seis escrituras (I)


 

Un ostracon (pl. ostraca) es un fragmento de alfarería procedente de una vasija rota que en la Antigüedad clásica se empleaba como soporte para la escritura (Lang, 1982), ya fuese raspando la superficie de la cerámica o usando cálamo y tinta. Aunque menos habituales, también se elaboraron ostraca con trozos planos de piedra caliza y con ciertas conchas marinas.

Su uso se extendió por todo el Mediterráneo oriental (Grecia, Asia menor, Egipto) hasta bien entrada la era cristiana. Servían sobre todo como recibos de impuestos (Bülow-Jacobsen, 2009), para enviar mensajes o anotar prescripciones médicas (p.ej. las notas de Deir el-Medina, Egipto), e incluso como cuaderno de ejercicios para escribas y estudiantes. A pesar de no poder encuadernarse ni archivarse, de ser pesados y tener formas irregulares, y de que en su superficie solo cabían textos breves, los restos de cacharos de barro fueron un material muy popular: no solo eran muy abundantes en todo el mundo antiguo (Bagnall, 2011), sino que, a diferencia del papiro y el pergamino, cuyos precios solían ser inalcanzables para la mayoría, eran gratuitos.

Quizás los ostraca más famosos en la actualidad sean los atenienses (Phillips, 1990): fragmentos de vasijas con esmalte negro, cuya superficie se raspaba hasta mostrar el rojo de la arcilla. Se aprovechaban sobre todo para las votaciones en el ágora, incluyendo aquellas en las que se decidía enviar al exilio por diez años a un ciudadano (de donde provendría el término "ostracismo") (Hands, 1959).

 

Bibliografía citada

Bagnall, Roger S. (2011). Everyday Writing in the Graeco-Roman East. Berkeley: University of California Press.

Bülow-Jacobsen, Adam (2009). Writing materials in the Ancient world. En Bagnall, R. S. (ed.). The Oxford Handbook of Papyrology. Oxford: University Press, pp. 3-29.

Hands, A. R. (1959). Ostraka and the Law of Ostracism-Some Possibilities and Assumptions. The Journal of Hellenic Studies, 79, pp. 69-79.

Lang, Mabel L. (1982). Writing and Spelling on Ostraka. Hesperia Supplements, 19, pp. 75-87.

Phillips, David (1990). Observations on Some Ostraka from the Athenian Agora. Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik, 83, pp. 123-148.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 29.03.2016.

Foto: Ostracon que enviaba al destierro a Temístocles. Conservado en el Museo del Ágora de Atenas, en la Estoa de Átalos (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "Seis materiales, seis escrituras", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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De modernidades y sostenibilidades

De modernidades y sostenibilidades

Bibliotecas y TICs


 

―Che, ¿nadie quiere comprar un reloj japonés? (Lo muestra a un grupo de compañeros). Mirá, tocás este botón y tenés la fecha de hoy según el calendario egipcio. Apretás este otro y toca la tarantela; apretás este y te da las probabilidades de lluvia en Miami; bajás esta palanca...
―¿Y para saber la hora, cómo hacés?
―Bueno... eso es lo único que no tiene.

 

El chiste, tomado de una tira cómica argentina de mi infancia (Teodoro & Cia., de Viuti), reflejaba irónicamente en 1981 lo que hoy se ha convertido en una realidad cotidiana: objetos que, sujetos al desquiciado ritmo que impone el consumismo capitalista actual, suman nuevas funciones a la suya propia para, a la postre, perder esta última y, por lo general, no hacer bien ninguna de las agregadas.

Y digo "objetos", pero muy bien podría decir "personas".

Hay elementos que fueron creados para cumplir una función específica, que llevan siglos cumpliéndola (y evolucionando cuando ha sido menester) y para los que aún no se hallado un sustituto que supere su desempeño. El modelo consumista encuentra en tales elementos un serio problema. ¿Cómo mantener en movimiento la cadena mercantil y colocar nuevos productos en campos en los que no se puede ofrecer nada mejor? ¿Cómo vender algo que supere al libro que leemos, al pan y la manzana que comemos, al agua que bebemos, a los caminos que caminamos, al martillo y la sierra que construyen nuestros muebles...?

Para hacer frente a semejante dilema, la mercadotecnia –disciplina encargada de hacernos ver joyas en donde con suerte solo hay cuentas de colores– ha optado por desacreditar, desvirtuar u opacar muchas de las cosas que han llenado y llenan nuestras vidas mostrándolas como "pasado". Un pasado con claras connotaciones de atraso, pues no hay nada más temido, para un mundo que vive huyendo a saltos hacia delante, que el riesgo de quedarse atrás. Al mismo tiempo nos enseña cómo de glamorosos serían nuestra vida y nuestro futuro si abandonásemos esas malas prácticas pretéritas y adquiriésemos su último servicio, su último bien de consumo, su última y modernísima idea. No importa que "el pasado" (o lo que se nos vende como tal) lleve entre nosotros decenas de generaciones funcionando perfectamente: se lo trata como un ancla que no permite navegar hacia el brillante y promisorio porvenir que nos espera allí delante. Como una suerte de traba a nuestra evolución, a nuestro crecimiento, a nuestro desarrollo, a nuestra felicidad individual y colectiva.

Para los elementos presentados y percibidos como "anticuados" se nos ofrecen dos opciones: el descarte, o una actualización (reformulación, resignificación) que los adecúe a "nuestras" necesidades contemporáneas.

Y nuevamente hablo de objetos pero, triste es decirlo, también podría estar hablando de personas.

De modo que transitamos una modernidad en la que las cosas y los espacios que usamos cotidianamente, si no sirven al mercado y al relato modernista, son asociadas a un pasado casi prehistórico y deben ser transformadas o borradas del mapa; en la que nacen un centenar de nuevos objetos todos los días para intentar suplantar mediocremente a una única cosa que, por cierto, no necesitaba ser suplantada porque servía muy bien a su propósito inicial (y no, no es cierto que todo es mejorable); y en el que nuestras necesidades y nuestras expectativas son adaptadas (a la fuerza, si es necesario) a esos nuevos objetos que han venido a reemplazar a las cosas de siempre.

Las bibliotecas constituyen, hoy por hoy, un ejemplo paradigmático de este proceso.

 

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Uno de los pilares del actual modelo comercial/cultural hegemónico son las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs). Para allanar el camino a la expansión de este modelo (y a las oportunidades de negocio y de control que representa), ideas tradicionales como la de "biblioteca" están siendo asociadas a la de un periodo pre-digital y pre-tecnológico que debe ser superado y olvidado cuanto antes.

Curiosamente, pocas veces se plantea una adaptación natural y progresiva de los entornos bibliotecarios actuales a las nuevas tecnologías (unas tecnologías terriblemente cambiantes, sujetas a una potente obsolescencia programada, y totalmente mercantilizadas) allí donde sea necesario, si es que lo es. No suelen contemplarse evaluaciones previas de las necesidades y las posibilidades de las distintas bibliotecas y de sus comunidades de usuarios, ni se analiza la sostenibilidad real de las nuevas tecnologías en un lugar determinado, ni se consideran otras alternativas. Por el contrario, se ha optado por proclamar una especie de "urgente necesidad global" de abandonar los usos y costumbres anteriores y de saltar de inmediato al paradigma basado en las TICs, liderado y directamente gestionado por empresas privadas que encabezan no pocos rankings internacionales de beneficios y que ni se molestan en disimular sus intenciones comerciales.

Animados por los voceros, los palmeros y no pocos neo-gurúes a sueldo, o enfrentados a la amenaza de ser eliminados del mapa (no son pocas las bibliotecas cuya supervivencia física depende de su sometimiento total a "las reglas del juego"), muchos directores de bibliotecas y bibliotecarios se lanzan por el camino de la "modernización". Algunos lo hacen con tanta pasión como poca perspectiva crítica o sentido común: son los que hablan de sus colecciones de libros como de "modas anticuadas" y señalan que el objetivo de las bibliotecas actuales debe ser proporcionar "servicios de conocimiento mediante aprendizaje tecnológico", o cualquier otro en cuya redacción aparezcan juntas, cuadren o no, las palabras "desarrollo", "innovación" "excelencia", "tecnología" y "conocimiento".

Otros son más radicales aún: ya existen unidades que quitan el vocablo "biblioteca" de su nombre, como si se tratara de un estigma vergonzoso.

De esta forma nos topamos con bibliotecas "actualizadas" que cumplen funciones que antes nunca le pertenecieron y olvidan la propia... Al mismo tiempo, nos encontramos instituciones que no son bibliotecas intentando realizar las funciones de una biblioteca que ya no es una biblioteca porque está haciendo otras cosas.

Suena a trabalenguas, lo sé, pero es la realidad. Una realidad demasiado parecida a aquel chiste de mi infancia.

 

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Una de las muchas preguntas que surgen entre las ideas esbozadas arriba, y que muy pocos se están planteando en la actualidad con el detenimiento y la seriedad que merece, es la de la sostenibilidad de una biblioteca basada en las TICs.

Y aquí –permítanme repetir el guiño– hablo de "bibliotecas", pero podría (y hasta debería) estar hablando de "sociedad".

Se actúa como si en el futuro (un futuro cada vez más inmediato) no nos esperara la incertidumbre –seamos un poco optimistas y no escribamos aún "colapso"– que nos espera. Una incertidumbre de crisis energética, escasez de recursos, y cambios globales derivados de los desequilibrios provocados por la irresponsabilidad de una especie –la humana– que sigue trabajando impávida en pos de la producción y el consumo desenfrenados. Nos dirigimos hacia un horizonte incierto quemando de manera despreocupada los pocos cartuchos que nos quedan. Y en lugar de pisar prudentemente el freno, aminorar la marcha y adecuar nuestras necesidades a nuestras posibilidades presentes y futuras, hacemos exactamente lo contrario: forzamos nuestras posibilidades (y las del mundo que nos rodea) para que respondan, quiéranlo o no, a nuestras supuestas "necesidades".

 

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El "milagro" de las bibliotecas modernas (esas que prefieren no llamarse "bibliotecas" para que no se las asocie con la estereotipada imagen de salones llenos de hojas polvorientas) nos está dejando instituciones material e ideológicamente sometidas a los dictados del mercado y de la industria. Instituciones absolutamente adictas a y dependientes de la electricidad, Internet y las nuevas tecnologías. Instituciones que ya están encontrando dificultades para cumplir sus funciones tradicionales más básicas. Instituciones de una sostenibilidad más que dudosa. Instituciones sin criterios ni pensamiento propio, atrapadas en la maraña del discurso desarrollista y tecnofílico post-moderno dominante: ese que dice que "hay que evolucionar y adaptarse a las nuevas circunstancias" sin explicar por qué motivo se supone que tendríamos que hacer tal cosa, ni qué camino (a futuro) es el que se está siguiendo.

En 1992 el crítico cultural estadounidense Neil Postman acuñó la palabra "tecnopolio" para describir la tendencia de las sociedades actuales a entregar a la tecnología el dominio y el control de sus instituciones sociales y culturales. Es evidente que hemos entrado en una era de bibliotecas tecnopólicas. Una era en la cual se le da más importancia a las herramientas tecnológicas que se usan que a los motivos por los cuales se las usa y a los contenidos (potencialmente liberadores) que tal tecnología debe transmitir.

Una era de bibliotecas que no son bibliotecas.

Y con ellas, con las bibliotecas, se están yendo todos los valores que solían fomentar. Valores muy molestos para un sistema que prefiere a la gente con relojes que toquen la tarantela y den las probabilidades de tormenta en Miami en lugar de con relojes que den la hora.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 15.03.2016.

Foto: "Unplug & read", de Ayla McKee (enlace).

El texto corresponde al artículo "De modernidades y sostenibilidades", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu.

 


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Juana Capdevielle, bibliotecaria represaliada

Juana Capdevielle

Bibliotecaria represaliada


 

Dispararon á cabeza de mapoula
mais medraron libres as silveiras
e nunca desfaleceron as ideas.

Dispararon ao corazón de rosa,
mais volveron voas as bolboretas
e nunca feneceron os amores.

Matárona co prexuízo sen xuízo,
coma quen queima xestas florecidas
e por iso é patrimonio da xustiza.

 

Juana María Clara Capdevielle San Martín nació en Madrid el 12 de agosto de 1905 y murió, con 31 años, el mismo día que Federico García Lorca y asesinada por los mismos verdugos. Bibliotecaria, libertaria, y una intelectual progresista con todas las letras, Juana –como muchas otras mujeres de aquel momento histórico– pagó cara la osadía de su pensamiento crítico y su independencia.

Hija de padre francés y madre española, cursó sus estudios secundarios en Pamplona y en 1928 se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad Central (actual Complutense) de Madrid, institución en la que se matriculó por libre y en donde tuvo como profesor a José Ortega y Gasset y como compañera a la pensadora, ensayista y filósofa María Zambrano Alarcón. Un espacio, las aulas universitarias, en donde las mujeres eran todavía una minoría (Palomera Parra, 2010).

El 9 de julio de 1930, a poco de cumplir 25 años, Juana ingresó por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Tuvo un periodo de prácticas en la Biblioteca Nacional de España (1930-1931) y en julio de 1931 obtuvo un puesto en la biblioteca de la facultad donde estudió (Filosofía y Letras, UCM), cuya sede estaba por entonces ubicada en el Instituto de San Isidro.

Como bibliotecaria universitaria con cargo de facultativa (es decir, dedicada a tareas técnicas) colaboró en el traslado, entre diciembre de 1932 y enero de 1933, de los fondos bibliográficos de su unidad a las nuevas instalaciones en la actual Ciudad Universitaria madrileña. Sobre el particular escribió:

 

No es aventurado afirmar que la biblioteca de Filosofía y Letras se convertirá en una de las más ricas de España y de las más interesantes entre las universitarias mundiales. Es, pues, de capital importancia este traslado, que permite que, unida material y espiritualmente a su Facultad y a disposición inmediata y directa de los profesores y alumnos, se convierta en lo que debe ser: una rueda del perfecto engranaje universitario, un elemento de cultura, un instrumento de formación para los ciudadanos españoles del mañana (Gállego Rubio, 2008-9).

 

En 1933 accedió al puesto de jefa de la biblioteca de Filosofía y Letras, convirtiéndose en la primera mujer jefa de una biblioteca de Facultad en esa universidad. Además, comenzó a trabajar como jefa técnica en la biblioteca del Ateneo [Científico, Literario y Artístico] de Madrid (vid. Herrera Tejada, 2010), una de las mejores bibliotecas privadas del país y uno de sus foros culturales más interesantes.

El trabajo de Juana en el Ateneo se centró en la clasificación de los fondos bibliográficos mediante la implementación de la Clasificación Decimal Universal (CDU), un proceso que ya llevaba algún tiempo desarrollándose en Cataluña pero que en el resto de España solo se había explorado tímidamente en la Universidad Central de Madrid. El uso de un esquema decimal de organización del conocimiento era visto por los responsables del Ateneo como un signo de progreso y modernización.

Tuvo un rol importante en la creación, el 28 de mayo de 1934, de la Asociación de Bibliotecarios y Bibliógrafos de España, de la que fue miembro fundador y tesorera (Blanco, 2006; Gállego Rubio, 2008-9). Entre los objetivos de se marcaron sus asociados estaba procurar que no faltase una biblioteca, por pequeña que fuera, en ningún pueblo de España; que se renovasen los fondos de las unidades ya existentes; y, por encima de todo, que el bibliotecario fuese un elemento activo.

Inmediatamente después de su creación, la Asociación puso en marcha un servicio circulante de lectura para los enfermos del Hospital Clínico, al que luego se sumó el Hospital de San José y Santa Adela de la Cruz Roja. Juana fue la encargada de organizar el proyecto, de capacitar a las estudiantes de la Facultad de Medicina que la ayudaron y de seleccionar los fondos, que tenían que tener un carácter "optimista, instructivo y reconfortante" (Gállego Rubio, 2008-9).

Ese mismo año de 1934 acudió como conferenciante (junto a figuras como Roberto Nóvoa Santos, Pío Baroja o Ramón J. Sender) a las Primeras Jornadas Eugénicas Españolas de Genética, Eugenesia y Pedagogía Sexual (Madrid, 21 de abril a 10 de mayo). Con el texto "El problema del amor en el ambiente universitario", Juana rebatió las teorías (antifeministas/machistas) de Nóvoa Santos y de Sender y expuso una concepción del amor asentada sobre los postulados de la valentía, la sinceridad, la igualdad y la libertad (vid. Noguera y Huerta, 1934).

En 1935 participó como vocal en la organización del II Congreso Internacional de Bibliotecas y Bibliografía (actual Congreso de IFLA), que tuvo lugar en Madrid y Barcelona entre el 20 y el 30 de mayo. En ese encuentro Juana presentó una conferencia sobre su experiencia en bibliotecas hospitalarias: "El fin que persiguen las bibliotecas de hospitales, ¿debe ser distraer o instruir?" (vid. Gascón García, 1993). En ella apuntó:

 

Naturalmente, las lecturas que puedan y deban proporcionarse a los enfermos deben variar mucho según el nivel medio de cultura, la religión, hasta el clima e incluso la orientación política de cada país. Mas, pese a las afirmaciones del nacionalismo exacerbado hoy imperante en parte del mundo civilizado, creemos que la humanidad doliente tiene en su dolor un lazo común más fuerte tal vez que los demás y por eso nos parece que podrían discutirse y aun fijarse una serie de normas de valor y utilidad universales, en relación con el fin que principalmente se persigue al crear y sostener las Bibliotecas de Hospital.

Puesto que se trata de conseguir que el enfermo olvide no sólo sus males, sino además los problemas familiares, sociales y económicos que muchas veces puede crearles su enfermedad, debe evitarse cuidadosamente toda lectura que pueda preocuparle, entristecerle o, simplemente, aburrirle. Esto no quiere decir de ningún modo que los libros de estudio deban proscribirse categóricamente de los hospitales, sino únicamente que no deben predominar en estas bibliotecas, que los tendrán sólo por si excepcionalmente ... algún enfermo manifiesta gran interés por este tipo de lectura. Podría objetarse que siempre es interesante tratar de elevar el nivel cultural de los lectores ... En general, la estancia en un hospital no es lo bastante larga para que el intento de influencia aleccionadora sea eficaz.

La lectura recreativa puede tener también influencia cultural, ya que cultura es un todo que abarca en su integridad la personalidad humana, en la que la imaginación, el sentimiento son tan dignos de atención, por lo menos, como la inteligencia. Lograr un instante de alegría, de emoción, de entusiasmo, es más interesante a veces que adquirir una idea nueva por muy fundamental que ésta sea; conseguir transportarse con un libro a un lejano país misterioso y desconocido puede en determinadas circunstancias ser más deseable que comprender el binomio de Newton.

 

Poco después, la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (dependiente de la Institución Libre de Enseñanza) le otorgó una pensión de tres meses para ampliar sus conocimientos sobre la CDU en Alemania, Bélgica, Francia y Suiza, la cual empezó a recibir en febrero de 1936.

En marzo de ese año se casó con Francisco Pérez Carballo, abogado, profesor ayudante en la Universidad Central de Madrid y militante de Izquierda Republicana, que al mes siguiente sería designado gobernador civil de La Coruña (10 de abril de 1936). Juana se trasladó a Galicia en mayo, para lo cual pidió un permiso de tres meses sin sueldo en la Biblioteca de Filosofía y Letras "por haber de acompañar a su esposo, que lo tiene por el momento fuera de Madrid" (Gállego Rubio, 2008-9).

Tras el golpe de Estado franquista del 18 de julio de 1936, Juana permaneció junto a su compañero hasta que el día 20 se preparó la resistencia armada del Gobierno Civil ante los sublevados. Ella se refugió entonces en casa de unos amigos, los López Abente, en la calle Real de La Coruña, donde la mantuvieron incomunicada con el exterior para protegerla. Francisco Pérez Carballo fue apresado y fusilado el día 24 de julio, pero la familia que acogía a Juana le evitó la noticia, dado que estaba embarazada. Sin tener la menor idea de la situación, Juana logró telefonear a la oficina del Gobernador Civil para preguntar por su esposo, y se le comunicó que irían a buscarla para acompañarla junto a él. El coche que la recogió la llevó directamente a la prisión, acusada de instigar a su marido a armar a los obreros y de contribuir a organizar la resistencia (cargos de los que nunca se presentaron pruebas; vid. Preston, 2011). En la cárcel se le notificó el fusilamiento de Pérez Carballo, de quien no obtuvo sino la breve nota que le escribió momentos antes de ser asesinado:

 

Juana:
Has sido lo más hermoso de mi vida. Donde esté y mientras pueda pensar, pensaré en ti. Será como si estuviésemos juntos. Beso tu anillo una vez cada día.
Te quiero.
Paco.

Para Juana Capdevielle, mi querida esposa. Viernes, 24 de julio de 1936, cinco de la madrugada.

 

Al cabo de una semana, a principios de agosto, y tras haber tenido un aborto en la cárcel (vid. Público, s.f.), fue liberada con la prohibición de residir en la ciudad de La Coruña. Se alojó entonces en Vilaboa (Culleredo, provincia de La Coruña), en la casa del diputado de Izquierda Republicana Victorino Veiga González.

El 17 de agosto recibió una orden de deportación que no le dio tiempo a cumplir; esa misma noche, por orden del gobernador golpista Florentino González Vallés, fue detenida por la Guardia Civil, trasladada nuevamente a La Coruña y entregada a un escuadrón falangista. Su cuerpo apareció con dos tiros a la mañana siguiente, 18 de agosto de 1936, en una cuneta del kilómetro 526 de la carretera N-VI de la localidad de Rábade (provincia de Lugo) (Carreira, 2007). Corrieron abundantes rumores de que había sido violada, una práctica común en esa época (Preston, 2011).

Como señalan Somoza Cayado et al (2012), la represión golpista/franquista seleccionó muy bien a las personas que había que eliminar. Entre ellas estaban "las mujeres que habían mostrado una actitud vital rupturista con el modelo de sociedad tradicional, con un papel destacado en la esfera pública y el ejercicio de roles propios de una mujer en condición de igualdad con el hombre".

"Aquella brillante bibliotecaria, que aparecía junto a Moliner en la foto de 1934 que reunió al Comité International des Bibliothèques en Madrid, tuvo así una temprana y oscura muerte que apenas dejó rastro. Sólo su vacante en el Cuerpo Facultativo confirmó su desaparición. Sí, la plaza estaba libre, contestó Javier Lasso de la Vega tras la guerra a un funcionario que la solicitaba. Podía ocuparla" (De la Fuente, 2012).

 

Chamábase Juana Capdevielle
como podía chamarse a vida mesma;
morreu, como vivía, de amor e liberdade.

En Rábade deixounos un caravel
para reinventar o amar; un xirasol
co que pacer a paz e unha violeta
para fabricar futuros máis muller.

"A Juana Capdevielle". Claudio Rodríguez Fer.
De Ámote vermella (Vigo: Xerais, 2009).

 

Bibliografía citada

Blanco, Carmen (2006). Vida e morte de Juana Capdevielle. Unión Libre. Cadernos de vida e culturas, 11, pp. 13-21.

Carreira, X. (2007). La noche que Juana Capdevielle murió en una cuneta de Rábade. La Voz de Galicia, 12 de julio. [En línea].

De la Fuente, Inmaculada (2012). El exilio interior: La vida de María Moliner. Madrid: Turner.

Gállego Rubio, María Cristina (2008-9). La Biblioteca. La Facultad de Filosofía y Letras de Madrid en la Segunda República: Arquitectura y Universidad durante los años 30. Catálogo de exposición (Madrid, Centro Conde Duque, 18 de diciembre de 2008-15 de febrero de 2009). [En línea].

Gállego Rubio, María Cristina (2010). Juana Capdevielle San Martín: bibliotecaria de la Universidad Central. Madrid: Editorial Complutense.

Gascón García, J. (1993). El congrés de l´IFLA de 1935 (Madrid, Barcelona, etc.): història i textos. Item. Revista de Biblioteconomía i Documentació, 12, pp. 37-61. [En línea].

Herrera Tejada, Clara (2010). Juana Capdevielle, bibliotecaria del Ateneo de Madrid (1933-1936). Jornada sobre Juana Capdevielle San Martín, bibliotecaria de la Universidad Central. Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 15 de junio. [En línea].

Noguera, E.; Huerta, L. (eds.) (1934). Libro de las Primeras Jornadas Eugénicas Españolas. Genética, eugenesia y pedagogía sexual, vol. II. Madrid: Javier Morata, pp. 274-292.

Palomera Parra, Isabel (2010). Juana Capdevielle San Martín en el Archivo de la Universidad Complutense de Madrid. En Jornada sobre Juana Capdevielle San Martín, 15 de junio, Facultad de Filosofía y Letras Universidad Complutense de Madrid.

Público (s.f.). Juana María Clara Capdevielle Sanmartín. Memoria Pública. [En línea].

Preston, Paul (2011). El Holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después. Madrid: Penguin Random House.

Somoza Cayado, Antonio; Domínguez Almansa, Andrés; Fernández Prieto, Lourenzo (2012). La génesis del régimen franquista en Galicia: aniquilación política y destrucción de la sociedad civil (1936-1939). En Segura, A., Mayayo, A., Abelló, T. (dirs.). La dictadura franquista: La institucionalització d'un règim. Barcelona: Universitat de Barcelona, pp. 53-68.

Torres, Rafael (2009). Nuestra Señora de la Cuneta. S.d.: Nigra TREA.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 08.03.2016.

Foto: Juana Capdevielle, de Cultura Galega (enlace).

El texto corresponde al artículo "Juana Capdevielle, bibliotecaria represaliada", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu.

 


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Los descendientes de Sin-ibni – Relatos de una biblioteca babilónica

Historias en arcilla

Relatos de una biblioteca babilónica (IV)


 

En las tablillas de la Temple Library at Babylon se recogieron sobre todo series de salmos e himnos para el servicio público (lamentos balag y er-shem-ma), pero también vaticinios, oraciones, instrucciones y otros textos mágicos pertenecientes a la esfera privada. En muchos casos se trata de versiones resumidas o extractadas de textos originales mucho más largos; es por eso que en los colofones los copistas advierten que se trata de extractos (nishu) de una "tabla larga" (en la cual, es de asumir, se encontraría una versión completa del documento).

Una de las series recogidas por los escribas-kalû descendientes de Sin-ibni es la Ud-dam ki-âm-uš. Langdon (1909) traduce el título (que corresponde al primer verso del texto) como "[Su palabra], como el espíritu, es inmutable". Se trata de un balag que habla de la poderosa palabra de los dioses (sobre todo de la de Marduk), que hace temblar el mundo y, en su majestuosidad, provoca una aterrorizada y absoluta reverencia.

 

La palabra del señor postra la vegetación de los marjales.
La palabra de Marduk anega los campos a punto de ser cosechados.
La palabra del señor es un diluvio que irrumpe y descompone el rostro.
La palabra de Marduk es un diluvio que destroza y se lleva los diques.
Su palabra desgaja los árboles mesu...

 

También se encuentra la serie An-na e-lum-e, que Langdon traduce como "Del cielo exaltado", y que originalmente habría estado destinada al culto en la ciudad-estado de Ur. Este balag incluye un himno a la palabra de Anu (dios del cielo) y de Enlil (dios del viento y las tormentas), un himno a Sin (dios de la luna), otro a Shamash (dios del sol), oraciones a otros dioses menores, y un er-shem-ma final. Al parecer, el origen de la serie habría estado en un lamento por el poder destructor de la palabra de Enlil, que habría causado la ruina de Ur.

 

De los altos cielos, noble es su palabra.
Del divino Dios celestial, noble es su palabra.
De Enlil, noble es su palabra.
Si su palabra descendiese sobre un adivino, el adivino flaquearía.
Si su palabra descendiese sobre un profeta, el profeta flaquearía.
Si su palabra fuese pronunciada ante un joven, el joven rompería en llanto.
Si su palabra fuese pronunciada ante una joven, la joven rompería en llanto.

 

Una serie importante es la Am-e bar-nara o Ame bara-nara; el título es traducido por Langdon como "Al toro en su santuario", típica referencia semítica que compara a la deidad con el poderoso astado. Son seis tablillas de lamentos relacionados con la destrucción de Nippur y dirigidos a Enlil, protector de esa ciudad-estado sumeria y responsable de lo acontecido.

 

La ciudad hacia la que su Señor no muestra compasión se desvanece en el silencio.
La ciudad que no es cuidada, aquella por la que su Señor no muestra compasión,
aquella a la que no visita, aquella que no es visitada por ningún inmortal...
Tú, Señor, la has devastado; a sus habitantes los has aplastado;
las grandes puertas y los muros de ladrillo, tú los has echado abajo.
Contra los lugares sagrados, tú has alzado tu mano.

 

Otra serie presente en la Temple Library at Babylon es la Uru-hul-a-ge ("Aquella cuya ciudad está destruida", según Langdon): las habituales seis tablillas que contienen un balag con un lamento a Bau (diosa de la sanación, protectora de la ciudad-estado de Isin) y uno a la diosa Inanna o Ishtar (diosa del amor y la fertilidad, protectora de la ciudad-estado de Erech). Originalmente se trataría de dos lamentos dedicados a Bau, unidos en una misma serie; la segunda parte habría sido modificada cuando, en ciudades como Erech, la diosa Ishtar reemplazó a diosas como Bau.

 

Aquella cuya ciudad está destruida grita "¿Cuánto tiempo, oh templo mío?"
La joven cuya ciudad está destruida grita "¿Cuánto tiempo, oh templo mío?"
La madre de la ciudad principal, la reina que da vida a los muertos,
la princesa del noble templo, reina de Isin,
hija del templo, la reina Bau [...]
Reina de Egalmah, reina de Erabriri,
reina de Eniginmarra, reina de los lugares sacros [...]
Madre del templo, diosa de la medicina,
la joven grita "¿Cuánto tiempo, oh templo mío?"

 

Otra de las series incluidas entre las tablillas babilónicas es la Gu-ud nim kur-ra ("Exaltado héroe del mundo"), un lamento dedicado a Ninib. Se supone que es una adaptación de un lamento por una ciudad destruida por la ira del dios. Las tabletas contienen también un relato épico de las hazañas heroicas del propio Ninib (hijo de Enlil que, provisto de redes y arpones de luz, se lanzó a derrotar al monstruo de la oscuridad) y alabanzas al campeón de los dioses por su victoria (que es la de la luz del sol contra las tinieblas). Es curioso notar que sacerdotes y escribas mesopotámicos posteriores desposeyeron a Ninib de la autoría de estas hazañas y se las adjudicaron a Marduk.

 

Exaltado héroe del mundo, ¿comprende alguien tu forma?
Honorable, exaltado héroe del mundo, ¿comprende alguien tu forma?
¡Honorable, señor, gran campeón!
¡Gran campeón, señor, luz de Enlil!
¡Honorable señor, Ninib!
¡Gran campeón, señor de Ebir!
¡Honorable, descendiente de Esharra!

 

Completan el conjunto series como la Mu-tin nu-nunuz-dim-ma o Mu-ten nu-nunuz gim ("La diosa del parto"), originaria de Isin, y la E-lum didara ("El exaltado que caminó"), parte de la liturgia al dios Enlil. Esta última mezcla fragmentos de distintos periodos, distintos escribas y distintos templos hasta convertirlos en un texto casi ininteligible, que en algunos casos llega a contradecirse (Langdon, 2010). También se han identificado las series E-tur-dim ma-a-an, A-she-ir gig-ta, Uru-a-she-ir y Bul-dim im-si-a-a-an, y una er-shem-ma titulada En-zu s'a-mar-mar.

Elementos curiosos son, por ejemplo, una tableta que habría sido la sexta (y última) de una serie dedicada a la palabra de Enlil, y que, por ende, contiene la er-shem-ma: su texto proporciona los siete nombres heroicos de la deidad. O las instrucciones para los adivinos que leían vísceras, entre las que se cuentan las de lectura del ubânu (apéndice hepático en forma de dedo) que forma parte de la extensa serie de inspección hepatoscópica Bârûtu, o las que enseñan cómo interpretar otras entrañas, pertenecientes al sacerdote Nidintum-Anu, probablemente del célebre Templo de Eanna en la ciudad-estado de Erech (Clay, 2005).

 

Bibliografía citada

Clay, Albert T. (2005). Babylonian Epics, Hymns, Omens, and Other Texts. Eugene (OR): Wipf & Stock.

Langdon, Stephen (1909). Sumerian and Babylonian Psalms. París: Librería Paul Geuthner.

Langdon, Stephen (2010). Sumerian Liturgies and Psalms. Alexandria: Library of Alexandria.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 01.03.2016.

Foto: Encuentro de dioses en la Tableta de Shamash (Sippar, antigua Babilonia, siglo IX a.C.), de Wikimedia (enlace).

El texto corresponde a la cuarta y última parte del artículo "Los descendientes de Sin-ibni – Relatos de una biblioteca babilónica", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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