Palabras ancladas 01

Palabras ancladas, palabras cautivas

Palabras ancladas (I)


 

[Una versión resumida de este texto fue publicada como "Eslabón 01" de la columna bimestral del autor titulada "Palabras ancladas", incluida en la revista Fuentes. Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia (vol. 10, nº 43, marzo-abril de 2016). Las entradas de esa columna serán compartidas en este blog, en la sección correspondiente].

 

La historia del libro –o, mejor dicho, la historia de los documentos escritos, tengan el formato que tengan– es un relato fragmentario y parcheado, cosido aquí, remendado allá, agujereado acullá. Los saltos y las lagunas son más abundantes que los hechos confirmados, y la secuencia cronológica de estos últimos tiene una fuerte tendencia a deshacerse, a perderse por senderos que no llevan a ningún sitio.

Y aún así, a pesar de tratarse de un cuento bastante incierto, esa narrativa de cómo las palabras quedaron ancladas –amarradas para siempre a la arcilla, a la seda, al papiro, al pergamino o al papel– compone una parte importante de nuestra historia como sociedades y de nuestra identidad como seres humanos.

En esta columna bimestral iré recuperando algunos de esos retazos, eslabones sueltos o enganchados de una tradición escrita que lleva más de cinco milenios entre nosotros. Con ellos no pretendo realizar un aporte académico a la disciplina bibliotecológica: solo busco divulgar y hacer visible ciertos hechos, algunos datos y un puñado de encuentros y desencuentros entre el hombre y la palabra en tiempos y horizontes distantes. O no tanto.

Hablaré de palabras ancladas. También, aunque me pese, tendré que hablar de palabras cautivas. Pues no siempre la palabra escrita fue palabra libre. No fueron pocos los que argumentaron que encadenar la palabra hablada a un soporte físico, material, tangible, era destrozarla, cortarle las alas, desproveerla de su libertad y de su magnificencia. Fueron muchos más los que, viendo a la palabra prisionera, incapaz de abandonar el medio al que había sido fijada para sobrevivir la inmediatez del habla, aprovecharon para manejarla a su antojo, y la usaron para ejercer dominios, para abrirse puertas y para cerrárselas a otros.

Tal fue el caso del emperador Carlos V. Durante el primer tercio del siglo XVI implantó en España la prohibición de llevar a las Indias novelas y libros de romances. Todo comenzó con una Real Cédula que firmó en Ocaña (Toledo) el 4 de abril de 1531:

 

Nuestros oficiales que residís en la ciudad de Sevilla, en la Casa de Contratación de las Indias. Yo he sido informado que se pasan a las Indias muchos libros de romance, de historias vanas y de profanidad, como son de Amadís [de Gaula] y otras de esta calidad; y porque este es mal ejercicio para los indios y cosa en que no es bien que se ocupen ni lean, por ende yo os mando que de aquí en adelante no consintáis ni deis lugar a persona alguna a pasar a las Indias libros ningunos de historias y cosas profanas, salvo tocante a la religión cristiana y de virtud en que se ejerciten y ocupen los dichos indios y los otros pobladores de las dichas Indias, porque a otra cosa no se ha de dar lugar.

 

Años después firmó otra Real Cédula (Valladolid, 13 de septiembre de 1543) en la que repitió su orden y brindó más detalles sobre sus motivos:

 

Nuestros oficiales que residís en la ciudad de Sevilla, en la Casa de Contratación de las Indias. Sabed que de llevarse a la dichas Indias libros de romances y materias profanas y fábulas, así como son libros de Amadís y otros de esta calidad de mentirosas historias, se siguen muchos inconvenientes, porque los indios que supieren leer, dándose a ellos, dejarán los libros de sana y buena doctrina y leyendo los de mentirosas historias, aprenderán en ellos malas costumbres y vicios; y además de esto, desde que sepan que aquellos libros de historias vanas han sido compuestos sin haber pasado así, podría ser que perdiesen la autoridad y crédito de nuestra Sagrada Escritura y otros libros de doctores santos, creyendo, como gente no arraigada en la fe, que todos nuestros libros eran de una autoridad y manera; y porque los dichos inconvenientes y otros que podría haber se excusen, yo os mando que no consintáis ni deis lugar que en ninguna manera pasen a las dichas nuestras Indias libros algunos de los susodichos, y para ello hagáis todas las diligencias que sean necesarias, de manera que, ni escondidamente ni por otra vía, no se lleven, porque así conviene al servicio de Dios Nuestro Señor y nuestro.

 

Esta cédula se transformó en una ley (Valladolid, 29 de septiembre de 1543) que firmó el propio Carlos V y que quedó recogida en la Recopilación de las Indias (1681):

 

Porque de llevarse a las Indias libros de romance, que traten de materias profanas y fabulosas y historias fingidas, se siguen muchos inconvenientes: Mandamos a los virreyes, audiencias y gobernadores que no los consientan imprimir, vender, tener ni llevar a sus distritos, y provean que ningún español ni indio los lea.

 

El historiador chileno Miguel L. Amunátegui (1828-1888), comentando este claro ejemplo de censura, señalaba que, si de Carlos V hubiese dependido, los americanos de entonces (europeos o indígenas) no hubiesen podido leer ni poesías, ni novelas, ni ninguna obra que estuviese destinada al entretenimiento o a la diversión. Lo cual hubiera dejado fuera, por cierto, a Cervantes, Lope o Calderón. Esto no es de extrañar viniendo de un monarca que, según Prescott (1857), no sentía ninguna afición por la lectura.

A pesar de cédulas y leyes, los libros "profanos" supieron burlar los designios imperiales y terminaron recalando en las Indias. Pues la palabra cautiva –la hablada, la escrita– ha demostrado una y otra vez que, tarde o temprano, siempre logra liberarse de cualquier atadura que se le imponga.

 

Referencias

España (1681). Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias. Madrid: Julián de Paredes. Libro I - De la santa fe católica. Título XXIV - De los libros que se imprimen y pasan a las Indias. Ley IV – Que no se consientan en las Indias libros profanos y fabulosos.

Prescott, William H. (1857). The Emperor's Life after his Abdication. En Robertson, W. History of the Reign of the Emperor Charles the Fifth. Londres: George Routledge & Co.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 26.07.2016.

Foto: "The Library of Chained Books". Catedral de Hereford, Reino Unido, 1992. Por Chris Killip, de Amandine Alessandra (enlace).

El texto corresponde al artículo "Palabras ancladas, palabras cautivas", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu.

 


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Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda

Encuadernación "envuelta" y cosida

Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda (VI)


 

La encuadernación "envuelta" (bāobèi zhuāng)

 

Este tipo de encuadernación, nacida para solucionar las falencias de su predecesora, comenzó a usarse durante la dinastía Sòng Meridional (1127-1279) y reemplazó completamente a la encuadernación "mariposa" durante la dinastía Míng (1368-1644).

Los libros "envueltos" abordaron el problema de las páginas en blanco de la húdié zhuāng plegando los folios impresos al revés. Cada hoja seguía imprimiéndose por un solo lado, como en la encuadernación "mariposa", pero se doblaba de forma que el texto no quedase en la cara interior del folio, sino en la exterior. Las hojas dobladas se apilaban luego con los extremos libres (y no los pliegues) formando el lomo del futuro libro; los pliegues componían los bordes exteriores de las páginas, lo cual le daba a esos libros el aspecto de un volumen intonso (Chinnery, s.f.).

Dado que los extremos libres de los folios se encolaban, las hojas resultantes eran "dobles"; y dado que la cara no impresa de cada folio quedaba en el interior del pliegue, puede decirse que cada una de las hojas "dobles" de uno de esos libros contenía un interior vacío.

A veces, en lugar de pegarse, los folios se unían con tiras de papel enrollado que atravesaban el lomo del libro. Luego se agregaba una cubierta que protegiera tanto el lomo como las páginas exteriores.

El formato pasó a Corea con el nombre de pobaejang (Song, 2009).

 

La encuadernación cosida (xiàn zhuāng)

 

A partir de finales de la dinastía Míng (1368-1644), la encuadernación cosida se convirtió en la técnica dominante, representando la última fase en la historia de la encuadernación china tradicional. La mayoría de los libros de la China imperial que han sobrevivido están en este formato.

Aunque fue la encuadernación más extendida durante los periodos Míng y Qīng (1644-1911), venía desarrollándose desde mucho más atrás en el tiempo. Así lo demuestran algunos documentos con esta encuadernación encontrados en Dūnhuáng, cuyos colofones datan su escritura durante la dinastía Táng (618-907).

Las evidencias arqueológicas y las crónicas sugieren que el cosido de libros nació como una forma de reparación de textos con encuadernación "mariposa" o "envuelta": dado que los folios plegados se despegaban con facilidad unos de otros, se los cosía por el lomo. El intelectual Wáng Zhù, de la dinastía Sòng Septentrional (960-1127), dejó escrito que ese era el problema que tenía con sus libros en "mariposa" y que los hizo coser. Este hecho se ve apoyado por varios volúmenes de la época que fueron cosidos después de ser encuadernados (Chinnery, s.f.). Con el paso del tiempo, esta técnica se convirtió en una forma de encuadernación que ganó una enorme popularidad.

El formato pasó a Corea como seonjang (Song, 2009) y a Japón como tetsuyōsō (manuscritos cosidos) o fukurutoji (impresos cosidos) (Sánchez-Molero, 2013).

 

Bibliografía citada

Chinnery, Colin (s.f.). Bookbinding. International Dūnhuáng Project. [En línea].

Sánchez-Molero, José Luis Gonzalo (2013). Leyendo en Edo: Breve guía sobre el libro antiguo japonés. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Song, Minah (2009). The history and characteristics of traditional Korean books and bookbinding. Journal of the Institute of Conservation, 32 (1), pp. 53-78.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 19.07.2016.

Foto: "Ancient Chinese book", de 500px (enlace).

El texto corresponde a la sexta y última parte del artículo "Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda

La encuadernación "mariposa"

Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda (V)


 

Durante la dinastía Sòng (960-1279) se consolidó en China la encuadernación "mariposa": un sistema que ya se conocía al menos desde la dinastía Táng (de acuerdo a los testimonios hallados en Dūnhuáng) y que supuso el alejamiento definitivo del concepto de "rollo", compartido tanto por los libros plegados en acordeón como por la encuadernación en torbellino.

En la elaboración de un libro con este tipo de formato ya no se usaban láminas pegadas formando una larga tira de papel: las hojas se mantenían separadas, y se plegaban por la mitad. Esos "cuadernillos" de cuatro páginas se apilaban y se pegaban por el lado del pliegue, un proceso similar a la actual encuadernación encolada. Cuando uno de esos libros se abría y se cerraba, la forma de las páginas recordaba las alas de una mariposa, de ahí su denominación.

La aparición de la húdié zhuāng coincidió con la etapa de perfeccionamiento de la impresión xilográfica o con bloques de madera en China. La mayoría de los libros impresos durante esa época se encuadernaban en el formato "mariposa": se imprimían las hojas individuales (un proceso mucho más sencillo que imprimir un rollo) y luego se pegaban. El único inconveniente es que, probablemente por la delgadez del papel, los chinos imprimían cada hoja por una sola cara. Esa cara era la "interna", es decir, la que una vez doblada la hoja formaba las dos páginas interiores del cuadernillo. Al apilarse y pegarse todos los cuadernillos de un libro, resultaba que éste tenía dos páginas consecutivas impresas y las dos siguientes en blanco, y así hasta el final. Este problema se solucionó durante la dinastía Míng (1368-1644) con el surgimiento de la encuadernación "envuelta" (bāobèi zhuāng).

La encuadernación tipo "mariposa" adquirió una gran popularidad. Por un lado, podía incluir más texto que cualquiera de los sistemas anteriores, lo que significaba que un documento determinado podía registrarse en soportes mucho menos voluminosos que los usados hasta entonces. Por el otro, este formato no estaba vinculado a unos contenidos concretos, como los acordeones lo estuvieron a los documentos religiosos y los libros en torbellino a las obras de referencia. Al no estar restringido a ningún grupo particular de usuarios, era realmente de todos (Chinnery, s.f.).

La húdié zhuāng pasó a Corea como hojeobjang (Song, 2009), y a Japón como detchōsō (Sánchez-Molero, 2013).

 

Bibliografía citada

Chinnery, Colin (s.f.). Bookbinding. International Dūnhuáng Project. [En línea].

Sánchez-Molero, José Luis Gonzalo (2013). Leyendo en Edo: Breve guía sobre el libro antiguo japonés. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Song, Minah (2009). The history and characteristics of traditional Korean books and bookbinding. Journal of the Institute of Conservation, 32 (1), pp. 53-78.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 12.07.2016.

Foto: "Butterfly binding", de Egidija's Notebook II (enlace).

El texto corresponde a la quinta parte del artículo "Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda

Encuadernación plegada y en torbellino

Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda (IV)


 

La encuadernación "de sūtra plegada" (jīngzhě zhuāng)

 

La imposibilidad de crear documentos duraderos en formato pothī y los problemas que daban los rollos empujaron a los escribas chinos a buscar nuevos modos de encuadernación. Una de las soluciones, aplicada concretamente a los textos religiosos, fue la encuadernación "de sūtra plegada" o en acordeón.

Básicamente, la jīngzhě zhuāng adaptó el rollo a la idea de "libros con páginas" introducida en China por los pothī. Se utilizaban largas tiras de papel, pero en lugar de enrollarlas, se las plegaba en acordeón y se las metía entre dos tapas de madera. El resultado era una serie de folios largos y estrechos, como los de los libros de hojas de palma, pero sin cuerdas que atravesaran el papel: de esta forma, el libro no se veía sometido a demasiado estrés y duraba más.

Una de las ventajas de la jīngzhě zhuāng era que facilitaba la búsqueda de una sección particular de texto dentro de un documento, superando así la principal falencia de los rollos. Afortunadamente, estos últimos podían convertirse fácilmente en acordeones de ser necesario (Chinnery, s.f.).

Esta encuadernación constituyó el primer formato estrictamente chino que tuvo la forma externa de un libreto. Fue muy popular a fines de la dinastía Táng (618-907) y durante el periodo de las Cinco Dinastías (907-960). Su nombre (jīngzhě, "sūtra plegada") delata lo estrechamente relacionada que estuvo con el budismo: básicamente, se trata de una aplicación del pothī (un formato totalmente vinculado con las escrituras budistas) y fue utilizada casi exclusivamente para la literatura religiosa china.

La jīngzhě zhuāng pasó a Corea como jeolcheopjang (Song, 2009) y a Japón como orihon (Sánchez-Molero, 2013).

 

La encuadernación en torbellino (xuànfēng zhuāng)

 

Los textos religiosos no eran los únicos que sufrían las limitaciones de la encuadernación enrollada: los manuales, los textos académicos y los libros de referencia (glosarios, enciclopedias, diccionarios, etc.) escritos en rollos daban muchos problemas a los lectores que pretendían encontrar una información determinada o leer una sección particular de un documento largo (Zhizhong, 1989).

Una de las alternativas surgidas para este tipo de trabajos fue la encuadernación en torbellino, un breve e inusitado escalón en el proceso evolutivo del libro asiático. Se trató de una forma transitoria desarrollada durante la dinastía Táng (618-907), que fue descartada al hallarse una solución más conveniente (probablemente a principios de la dinastía Sòng, 960-1279).

Su estructura era muy curiosa. Se apilaban varias páginas, colocando la más larga abajo y la más pequeña arriba del todo (razón por la cual también se la llamaba lónglín zhuāng, encuadernación "escamas de dragón"). Esas páginas se alineaban por la izquierda y se pegaban. A continuación se apretaba ese borde con una varilla de bambú partida a lo largo, y se perforaban varios orificios de uno a otro lado de la misma, atravesando el papel, para atar el documento. El conjunto se enrollaba, de tal forma que la página de abajo, la más larga, cubriera todo y sirviera de cubierta (Chinnery, s.f.).

Cuando estos ejemplares se abrían tras llevar algún tiempo guardados, sus páginas solían enrollarse sobre sí mismas como rizos, de modo que recibieron la denominación popular de xuànfēng yè, "hojas en remolino".

Debido a que hay escasas fuentes históricas que documenten la aparición y el uso de esta encuadernación, su investigación se convirtió en una especie de búsqueda del Grial. Una de las pocas pistas sobre los primeros libros con esa encuadernación data de la dinastía Táng: un estudioso llamado Lù Făyán escribió en el 601 un diccionario de rimas que tituló Qièyùn, y que se convirtió en la fuente autorizada de pronunciación del chino de la época. Fue republicado por Sūn Miăn como Tángyùn ("Rimas de los Táng") en el 751. Durante la dinastía Táng, se contrató a muchos calígrafos para producir copias de este texto que permitieran su estudio; las más apreciadas y famosas fueron las de la calígrafa Wú Căiluán (ca. 830-845), conocidas como Wú Căiluán shū Tángyùn. Las pocas referencias, desde la dinastía Sòng a la Qīng (1644-1911), sobre libros encuadernados en torbellino siempre estaban conectadas con esas copias. En 1980, Lǐ Zhìzhōng descubrió una en el Museo del Palacio de Beijing; si bien había sido re-encuadernada, todavía permitía hacerse una idea básica de cómo eran las hojas en torbellino. Más tarde, y ya con una idea clara del aspecto de este formato, se encontraron más ejemplos entre manuscritos originarios de Dūnhuáng conservados en la Bibliothèque Nationale de France y en la British Library.

La xuànfēng zhuāng pasó a Corea como seonpoongyeop (Song, 2009) y a Japón como senpuuyou (Sánchez-Molero, 2013).

 

Bibliografía citada

Chinnery, Colin (s.f.). Bookbinding. International Dūnhuáng Project. [En línea].

Sánchez-Molero, José Luis Gonzalo (2013). Leyendo en Edo: Breve guía sobre el libro antiguo japonés. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Song, Minah (2009). The history and characteristics of traditional Korean books and bookbinding. Journal of the Institute of Conservation, 32 (1), pp. 53-78.

Zhizhong, Li (1989). Problems in the history of Chinese bindings. Electronic British Library Journal. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 05.07.2016.

Foto: "Accordion book", de University of Kentucky LIbraries (enlace).

El texto corresponde a la cuarta parte del artículo "Las encuadernaciones de la Ruta de la Seda", de Edgardo Civallero, publicado como pre-print en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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