La biblioteca como trinchera

La biblioteca como trinchera

De resistencias, militancias, políticas y estantes con libros (III)


 

[Artículo publicado en la 3.ed. latinoamericana de Fuentes, Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional (número 45, septiembre de 2016)].

 

De resistencia

 

Aceptar un sistema injusto es cooperar con ese sistema.

Martin Luther King. Strength to Love (1963).

 

El embate del capitalismo neoliberal y sus poderes hegemónicos asociados está desguazando y privatizando numerosos sistemas públicos (salud, educación, transporte, servicios, información). En este escenario, se incrementa la presión que reciben las bibliotecas para mercantilizar sus productos y servicios y para alcanzar unos objetivos y unas condiciones cuyo incumplimiento acarrea un drástico recorte de recursos. No son pocos los sistemas bibliotecarios en América Latina que han visto unidades cerradas, presupuestos reducidos a mínimos y personal en la calle (una situación que no es exclusiva de ese continente, sino que está teniendo lugar a nivel internacional). Muchas otras unidades (escolares, comunitarias, públicas) ni siquiera están dentro de un sistema, y sufren una permanente escasez de medios.

Las condiciones bajo las que un alto porcentaje de bibliotecas latinoamericanas trabajan actualmente pueden calificarse cuanto menos de preocupantes. Y, sin embargo, continúan abriendo sus puertas y proporcionando todos los servicios que son capaces de dar, en un acto de autoorganización, desobediencia y resistencia activa no violenta.

En su último libro (2013), el filósofo británico Howard Caygill recomienda creer en la resistencia [1] como en una de las únicas formas viables de vivir en el mundo moderno. Posicionados en situaciones injustas y/o de total desventaja, los individuos y grupos que resisten toman conciencia de su estado (realizando un análisis crítico, a veces inconsciente, del momento que atraviesan) y deciden rebelarse y desobedecer.

Esa rebelión y esa desobediencia no tienen porqué adoptar una expresión concreta; si bien ambos términos suelen asociarse con protestas, manifestaciones u ocupaciones de espacios públicos (y con otros tantos titulares en los que aparecen las frases "desobediencia civil" o "declarada rebeldía"), en el día a día se traducen en una íntima y firme intención de no aceptar una realidad determinada sencillamente porque va en contra de los valores y las creencias propias, o porque es manifiestamente injusta, abusiva, arbitraria o ilegal.

Los resistentes buscan entonces alternativas viables para seguir caminando sin doblegarse, escenificando en su andar aquel verso de Claudio Rodríguez: "estamos en derrota, nunca en doma". Habitualmente, el primer paso es informarse (un paso en el que las bibliotecas pueden jugar y juegan un rol muy importante) y el segundo, unirse con otras personas o grupos con posiciones similares y/o que enfrentan el mismo problema. De esta forma se va tejiendo un entramado de relaciones de ayuda mutua, de apoyos y de alianzas solidarias: a la postre, resistir no es más que adoptar una actitud de desafío –hecha pública o no– que pueda mantenerse en el tiempo, y esto último es más sencillo si se hace con otros.

Los resistentes van aprendiendo de su experiencia diaria y mejoran sus estrategias con cada uno de los errores cometidos. En ocasiones –y probablemente siguiendo lo escrito por algunos sociólogos y filósofos– se ha dicho que la resistencia es una posición "de alegría", aunque tal aspecto no siempre está presente; en demasiadas ocasiones la resistencia es un acto silencioso y desesperado, y el que la lleva a cabo intenta pasar lo más desapercibido posible.

La resistencia adquiere innumerables formas en el ámbito bibliotecario. En América Latina los ejemplos son numerosos: redes digitales que comparten recursos bibliográficos obtenidos de bases de datos bajo llave; grupos solidarios que reúnen y trasladan libros y revistas de bibliotecas que no los necesitan a otras que sí; bibliotecas que prestan servicios desde domicilios particulares, con la ayuda desinteresada de toda su comunidad; servicios que involucran a todos los actores culturales y sociales disponibles; actividades de reencuadernación y reparación de libros para que el volumen de la colección no se reduzca; creación de libros "cartoneros" para aumentar esa colección; recaudación de fondos a través de espectáculos artísticos solidarios... Realizar un inventario completo de experiencias y prácticas de resistencia bibliotecaria latinoamericana es una tarea que excede, en mucho, el alcance de este artículo: baste decir que las soluciones son tan variadas como las personas que las imaginan y las llevan a la práctica.

Evidentemente, la resistencia existe dentro de las bibliotecas, pero los bibliotecarios también pueden llevar y apoyar las ideas y la praxis de resistencia fuera de sus muros [2].

Si bien existen agrupaciones, asociaciones y movimientos bibliotecarios muy bien organizados, la mayor parte de estas acciones insumisas se realizan sin siglas, etiquetas ni altavoces; existe, sí, una conciencia clara de justicia y de derecho, que es lo que empuja y motiva todas estas formas de rebeldía. Tan activos son algunos de los defensores de estas causas y estas posiciones que se puede hablar de una verdadera militancia.

 

Notas

[1] La resistencia es un tema poco estudiado dentro de las ciencias sociales. Vid. Vinthagen (2007) y García Canclini (2010) para una aproximación a la materia.

[2] Vid. Iverson (1998/1999), Pateman y Vincent (2016) y Morrone (2014) para algunos ejemplos de resistencia bibliotecaria, dentro y fuera de las bibliotecas.

 

Bibliografía

Adamovsky, Ezequiel (2004). Capitalismo para principiantes. Buenos Aires: Era Naciente.

Caygill, Howard (2013). On Resistance: A Philosophy of Defiance. Londres: Bloomsbury.

Civallero, Edgardo (2011). El rol de la biblioteca en la inclusión social. En XIII Jornadas de Gestión de la Información de SEDIC (Asociación Española de Documentación e Información), Madrid (España). [En línea].

Civallero, Edgardo (2012a). Contra la 'virtud' de asentir está el 'vicio' de pensar: Reflexiones desde una bibliotecología crítica. [En línea].

Civallero, Edgardo (2012b). Neutralidad bibliotecaria. [En línea].

D'Arcy, Stephen (2013). Languages of the Unheard. Why Militant Protest is Good for Democracy. Toronto: Between the Lines Press.

García Canclini, Néstor (2010). ¿De qué hablamos cuando hablamos de resistencia? Estudios Visuales, 7, 16-37. [En línea].

Iverson, Sandy (1998/1999). Librarianship and resistance. Progressive Librarianship, 15, 14-19 [En línea].

Lankes, David (2014). Radical Conversations: Defining a Library. [En línea].

Morrone, Melissa (Ed.) (2014). Informed Agitation: Library and Information Skills in Social Justice Movements and Beyond. Sacramento: Library Juice Press.

Nym Mayhall, Laura (2000). Defining Militancy: Radical Protest, the Constitutional Idiom, and Women's Suffrage in Britain, 1908-1909. Journal of British Studies, 39(3), 340-371.

Ouviña, Hernán (2007). Zapatismo para principiantes. Buenos Aires: Era Naciente.

Pateman, John; Vincent, John (2016). Public Libraries and Social Justice. Londres: Routledge.

Roberto, Katia; West, Jessamyn (eds.) (2003). Revolting Librarians Redux: Radical Librarians Speak Out. Jefferson: McFarland & Co.

Samek, Toni (2008). Biblioteconomía y derechos humanos. Una guía para el siglo XXI. Gijón: Trea.

Vinthagen, Stellan (2007). Understanding "Resistance": Exploring definitions, perspectives, forms and implications. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 13.12.2016.

Foto: Street Art. En E-Book Friendly (enlace).

El texto corresponde a la tercera parte del artículo "La biblioteca como trinchera", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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