7 feb. 2017

Un faro, un puerto

Servidores de servidores

Un faro, un puerto (II)


 

La tecnología es un sirviente útil, pero un amo peligroso.

Christian L. Lange. Historiador y politólogo noruego (1869-1938). De su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz (1921).


Nos estamos convirtiendo en los sirvientes de pensamiento y acción de las máquinas que creamos para servirnos.

John Kenneth Galbraith. Economista y diplomático canadiense (1908-2006). De The New Industrial State (1967).


Como ha sucedido en casi todos los campos de la actividad humana, a lo largo de la historia el mundo del libro y la información ha ido recibiendo el aporte de los más variados avances tecnológicos [1]: desde distintos soportes para los signos hasta diferentes instrumentos de impresión y reproducción en papel, diferentes calidades de tinta y de materiales de encuadernación, múltiples esquemas de paginación e indización, y diversos sistemas de catalogación y clasificación. Cada uno de esos avances no deja de ser una herramienta que viene a sumarse a un conjunto ya existente para desarrollar, mejorar o ampliar algún aspecto o alguna función determinada de la disciplina, de acuerdo a criterios concretos. Un medio (y no un fin en sí mismo) para alcanzar un objetivo, que introduce a su vez nuevas posibilidades –pero también nuevos límites y restricciones–, que permite una serie de transformaciones, y que comporta una serie de riesgos.

A lo largo de la historia, las novedades fueron abriéndose paso muy lentamente y con enormes dificultades, y antes de sustituir parcial o totalmente a las herramientas existentes hasta ese momento (lo cual, por cierto, no las desacreditaba en absoluto [2]) convivieron con ellas durante siglos. Sin embargo, en las últimas décadas vivimos en un estado de renovación permanente en el que se suceden actualizaciones e incompatibilidades de manera acelerada.

La llamada "revolución digital" ha aportado un masivo caudal de innovaciones que han sido adaptadas, con mayor o menor éxito, al campo bibliotecario: instrumentos de digitalización o de producción digital nativa, memorias de almacenamiento, redes de intercambio de datos, formatos de compresión de archivos, programas de gestión y análisis de información, redes y espacios virtuales que recolectan y organizan conocimiento, y un largo etcétera. La irrupción en escena de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTICs) ha producido en algunos sectores una suerte de agitación efervescente y algo triunfalista que, con escasas reflexiones o evaluaciones, llama a enterrar una "era antigua" y a embarcarse en una "era nueva" en la que esas herramientas, en constante evolución y desarrollo, solucionarán los problemas irresolutos y mejorarán lo existente. Semejante invitación –plagada de falacias lógicas que pocos se molestan en contraargumentar o desmontar– configura un relato interesado, manipulador y absolutamente sesgado, que suele complementarse con descalificaciones más o menos veladas a las tecnologías y metodologías precedentes.

Ocurre que la actual revolución digital se diseña, se construye y se conduce desde y dentro de un marco capitalista. La mayor parte de las novedades tecnológicas son pensadas, creadas y distribuidas como productos y servicios mercantilizados [3]. No sólo eso: muchos bienes y valores intangibles, hoy codificados a través de esas tecnologías –conocimiento, información, comunicación, creatividad–, también se están mercantilizando a pasos agigantados. Podría decirse que, aunque no hayan sido creadas para ello, las NTICs son parte activa en la commodification y cosificación del patrimonio cultural de los pueblos.

La publicidad y la mercadotecnia promueven el consumo masivo (y acrítico) de estos productos y servicios. Se los vende precisamente como la llave hacia un mundo digital y virtual, conectado y ubicuo, veloz y preciso, eficiente... No se habla de la obsolescencia programada y la sostenibilidad, ni se explican o sugieren los precios y los costes (sociales y ambientales), las consecuencias, los problemas o las posibles alternativas a su uso: mientras más rápido se realice la transición hacia ese mundo ideal(izado), mientras antes se lleve a cabo la sustitución de lo "viejo" por lo "nuevo", y mientras menos preguntas se hagan durante el proceso, mejor.

Mejor para los delirios de la tecnociencia contemporánea. "No se pregunta si hay necesidad, si se quiere. Se pregunta: ¿se puede hacer? Y si se pude hacer, se hace; y luego se encuentra la necesidad o se crea una" [4].

Y así, en el abrazo incondicional a las sucesivas y aceleradas novedades que este presente en perpetua reinvención tiene para ofertar, sucumbimos a la servidumbre voluntaria [5] y al sonambulismo tecnológico [6].

 

Notas

[1] Estos aportes suelen llegar en oleadas y denominarse "cambios tecnológicos" y "revoluciones tecnológicas"; por lo general, los primeros son paquetes pequeños y los segundos, grandes (en consonancia con la tercera ley de la tecnología de Kranzberg).

[2] Cf. la teoría de la evolución tecnológica del checo Radovan Richta y sus implicaciones. Vid. asimismo las teorías de progreso tecnológico y su vínculo con las hipótesis socio-económicas de Joseph Schumpeter (y las de los autores modernos que siguen sus lineamientos).

[3] Cf. la teoría de Luis Suárez-Villa sobre tecnocapitalismo (p.ej. en sus libros Technocapitalism, 2009, y Globalization and Technocapitalism, 2012).

[4] Castoriadis, Cornelius (2007). Democracia y relativismo. Madrid: Trotta.

[5]«Reconociendo como real el peligro del "camino de servidumbre", y reconociendo que de hecho se han materializado ya "dictaduras sobre las necesidades" que buscaban legitimarse apelando a ideales de liberación y florecimiento humano, parece sin embargo que también debe prestarse atención a Herbert Marcuse cuando escribe que "no es sólo 'totalitaria' una coordinación política terrorista de la sociedad, sino también una coordinación técnico-económica no terrorista que opera a través de la manipulación de las necesidades por intereses creados". En las sociedades del capitalismo tardío obran sistemas complejos de manipulación y control, incluyendo las sutiles redes de la propaganda comercial, a los que no resultaría exagerado calificar de totalitarismo flexible.» Riechmann, Jorge (coord.) (1998). Necesitar, desear, vivir. Sobre necesidades, desarrollo humano, crecimiento económico y sustentabilidad. Madrid: Los Libros de la Catarata.

[6] "Los hábitos, las percepciones, el concepto de uno mismo, las ideas de espacio y tiempo, las relaciones sociales y los límites morales y políticos, se han reestructurado fuertemente en el curso del desarrollo tecnológico moderno. Lo fascinante de este proceso es que las sociedades involucradas han alterado con rapidez algunos términos fundamentales de la vida humana sin aparentemente haberlo hecho. Se han producido grandes transformaciones en la estructura de nuestro mundo común sin tener en cuenta lo que implicaban dichas alteraciones. Se han emitido juicios acerca de la tecnología desde un punto de vista estrecho: si un nuevo elemento satisface una necesidad en particular, funciona mejor que su predecesor, produce beneficios o proporciona un servicio conveniente. Sólo más tarde se aclara el significado más amplio de la elección, típicamente en la forma de 'efectos colaterales' o 'consecuencias secundarias'. Sin embargo, parece que es característico de la relación de nuestra cultura con la tecnología el hecho de que rara vez estamos inclinados a examinar, discutir o juzgar inminentes cambios con amplia y plena conciencia de lo que éstos implican. En el terreno técnico repetidamente nos involucramos en diversos contratos sociales cuyas condiciones se revelan sólo después de haberlos firmado. Podría parecer que el punto de vista que estoy sugiriendo es propio de un determinismo tecnológico [...] Según mi punto de vista, una noción más reveladora es la de 'sonambulismo tecnológico', ya que el interesante enigma de nuestros tiempos es que caminamos sonámbulos de buen grado a través del proceso de reconstrucción de las condiciones de la existencia humana". Winner, Langdon (2008). La ballena y el reactor. Una búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología. 2.ed. Barcelona: Gedisa.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Foto: Pieza de la colección Books de Christian Burchard (enlace).

El texto corresponde a la segunda parte del artículo "Un faro, un puerto. De bibliotecas, máquinas y pérdidas", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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