14 feb. 2017

Un faro, un puerto

Feligreses ciegos

Un faro, un puerto (III)


 

La humanidad está desarrollando la tecnología correcta por las razones equivocadas.

R. Buckminster Fuller. Arquitecto, diseñador e inventor estadounidense (1895-1983).


La técnica solamente nos ha procurado los medios más eficaces para ir hacia atrás.

Aldous Huxley. Escritor británico (1894-1963). De "Tomorrow and Tomorrow and Tomorrow", en Adonis and the Alphabet (1956).


A pesar de que las NTICs se presenten como "adelantos" y de que se haga hincapié en esa etiqueta en particular, se trata de elementos que no están exentos de fallos y riesgos. No han sido pocas las voces que se han elevado apuntando estos inconvenientes y sus consecuencias. Y se han hecho duras críticas tanto a los fundadores de la cofradía tecno-fundamentalista como a sus ciegos feligreses.

Muchos de los conceptos expresados por Antonio Negri y Michael Hardt en "Imperio", las ideas de Herbert Marcuse sobre "racionalidad tecnológica", los análisis de Jürgen Habermas sobre la tecnocracia, o los apuntes de Foucault sobre control y saberes, por poner solo un puñado de ejemplos tomados de reconocidos pensadores y filósofos, denuncian los desafíos y problemas inherentes a la sociedad tecnificada y a su compleja relación con la información [1].

De especial interés es la obra del humanista estadounidense Lewis Mumford, en particular ese clásico del pensamiento crítico compuesto por los volúmenes El mito de la máquina, Técnica y evolución humana, y El pentágono del poder. En este último (1964), el autor señala:

 

La sociedad occidental ha aceptado como incuestionable un imperativo tecnológico que es tan arbitrario como el más primitivo tabú: no solo el deber de promocionar la invención y crear constantemente novedades tecnológicas, sino también el de rendirse incondicionalmente a esas novedades, simplemente porque son ofrecidas, sin respeto a sus consecuencias humanas.

 

Una reflexión similar hacía recientemente el profesor de filosofía moral y ensayista español Jorge Riechmann en su último libro [2]:

 

Nos resulta más fácil imaginar el fin del mundo que el final del capitalismo, nos decía hace ya años Frederic Jameson. Actualicemos: nos resulta más fácil imaginar el fin del mundo que un planeta sin smartphones. Impresiona la intensidad del determinismo tecnológico que inoculan las llamadas NTIC (Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación) en las cabezas de la gente.

 

En una de sus conferencias de 2014, el también filósofo y ensayista español Santiago Alba Rico hizo referencia a las "revoluciones" de las nuevas tecnologías y a algunas de sus problemáticas:

 

Los que tenemos nuestra edad estamos un poco a caballo entre dos medios, dos marcos tecnológicos; somos como anfibios, tenemos un pie en el paradigma letrado y otro en el pantállico. Y, en todo caso, es verdad que la escritura es una técnica que incluso fue rechazada, desde Platón, por mucha gente. Lo mismo pasó con la imprenta. Pero creo que no se puede dejar de advertir la diferencia que hay entre un medio y otro: no son iguales y no se pueden utilizar para lo mismo. No es que las redes y las nuevas tecnologías hayan venido a sustituir a la escritura para hacer mejor lo que la escritura hizo mal. Eso es, precisamente, ceder a la ilusión de un progreso hegeliano "siempre hacia lo mejor", en el que cada nuevo objeto suprimiría al anterior. La escritura –esto ha sido estudiado claramente– es una técnica que ha abierto espacios a aquello que ha caracterizado a la civilización occidental, al menos durante los últimos veinte siglos (hay estudios de Ong o de Havelock muy fascinantes sobre lo que significa el universo letrado). Entonces el derecho, la ciencia, la propia democracia (como toma de posición frente a ideas y no a personas por razones fiduciarias), todo eso es realmente un legado de la escritura, y si vemos lo que está ocurriendo al perder ese legado en beneficio de lo que yo llamo el paradigma pantállico, comprobamos cómo, por ejemplo, mientras que se elogia la potencial horizontalidad de las redes, esas redes sirven para demoler los propios fundamentos de la escritura, que a través de la sucesión [y no de la simultaneidad, como ocurre en el paradigma pantállico] permitían un distanciamiento mínimamente objetivo y epistemológicamente fundado. Estos medios en realidad son grandes productores de nuevas relaciones fiduciarias; quiero decir, de relaciones basadas en la adhesión más o menos personal que impide el juicio con la distancia que un sistema democrático debería suponer. Por lo tanto, no es lo mismo: no digo que uno sea malo y que el otro sea bueno; digo que en cualquier caso no sirven para lo mismo, no se sustituyen y hay que pensar qué límites [tiene el paradigma pantállico], porque siempre pensamos para qué sirve. Hay que pensarlo al revés: qué nos impide hacer. Y creo que las nuevas tecnologías que nos permiten hacer tantas cosas, nos impiden hacer cosas muy serias que hasta ahora eran indisociables de un modelo de civilización que no se había agotado y que nosotros, desde dentro, pretendíamos cambiar en una determinada dirección [3] [cursivas añadidas].

 

En otro momento de su intervención Alba Rico llamó la atención sobre "la dictadura de la facilidad", esa ante la que "al final uno sucumbe y hace aquello que puede hacer, solo porque puede hacerlo", advirtiendo a continuación que "no debemos contemplar con demasiado entusiasmo un medio en el que la única libertad que tenemos es la de apagarlo o la de negarnos a usarlo". Para el ensayista, la red habría dejado de ser una herramienta para convertirse en un órgano: "se ha integrado en nuestras entrañas hasta el punto en el que es difícil distinguir el latido de nuestro corazón de los múltiples sonidos que emite el ordenador cuando estamos conectados". Como viene haciendo en muchos de sus escritos, Alba Rico también denunció en aquella ocasión que "no se puede asumir acríticamente el carácter emancipatorio mecánico de las nuevas tecnologías", que, por otro lado, "se encuentran en manos de una élite muy pequeña, que es quien realmente determina su curso, y no los usuarios" [4].

Enfrentados al complejo entramado tecnológico que hoy por hoy domina el panorama mundial (el informativo y otros muchos), es preciso dejar de aceptar todo el paquete sin dudas, sin cuestionamientos y sin desafíos, como pretenden ciertos gurúes. En necesario pensar y actuar de manera crítica; desmenuzar y poner bajo la lupa ese paquete; evaluar pros y contras a corto y largo plazo; y dar ejemplo de compromiso y responsabilidad profesional y social [5]. Lo expresa muy bien Riechmann en un párrafo de su libro Autoconstrucción. La transformación cultural que necesitamos [6]:

 

Podemos simplemente plegarnos a los mecanismos que nuestra sociedad –toda sociedad– tiene ya dispuestos para ahormarnos: nunca han sido tan potentes como los del capitalismo que llamamos neoliberal para abreviar. Identidad a través del consumo, entretenimiento con la deriva que nos engolfa en infinitos contenidos audiovisuales, comportamiento político/apolítico preprogramado, control de deseos y conductas a través del smartphone y sus big data, celebración de la moda juvenil, estilización de la "rebeldía" diseñada por "creativos" publicitarios: "sé tú mismo", "el cielo es el límite", etc. O podemos decir no a todo eso y emprender el camino mucho más arduo de una autoconstrucción crítica, tanto personal como colectiva.

 

Mientras aprendemos a decir que no –una tarea laboriosa donde las haya–, intentemos al menos no dejarnos ahormar tan fácilmente, y evitemos entrar en el juego de las dicotomías: "¿Nos subimos al tren de las nuevas tecnologías o dejamos que nos arrolle?" Esos falsos dilemas deberían generar nuestro rechazo y abrir la puerta a nuevas preguntas: ¿bajo qué condiciones nos subimos al tren? ¿Qué riesgos se corren? ¿Qué efectos introduciría en nuestro trabajo, en nuestras relaciones, en la sociedad? ¿No subirse implica necesariamente que nos llevará por delante? ¿Por qué la elección está planteada en términos absolutos, casi maniqueos? ¿Es que no existen, se desconocen, o peor aún, se prefiere ignorar u ocultar otras posibilidades?

Tenemos que desmontar las sentencias categóricas del tipo: "La biblioteca será digital o no será". ¿Quién lo dice, y en qué se basa para realizar semejante afirmación? ¿Qué intereses subyacen bajo esa declaración? ¿Se trata de una hipótesis o de una tesis comprobada? ¿Se han explorado otros caminos?

Repitámoslo una vez más: se trata de sacudir la pereza mental y ejercitar un poco el pensamiento crítico [7].

 

Notas

[1] En el ámbito estrictamente bibliotecario y crítico, a la lista pueden sumarse David Linton (vid. p.ej. The Pro-Machine Bias. Progressive LIbrarian, 4, Winter 1991/1992, pp. 7-16), John Buschmann (vid. p.ej. Information technology, power structures and the fate of librarianship. Progressive Librarian, 6-7, Winter/Spring 1993, pp. 15-29), Roma Harris (vid. p.ej. Service undermined by technology. Progressive Librarian, 10-11, Winter 1995/1996, pp. 5-22) y John Budd (vid. p.ej. Technology and library and information science. Progressive Librarian, 10-11, Winter 1995/1996, pp. 43-59).

[2] Riechmann, Jorge (2016). Peces fuera del agua. Tegueste (Tenerife): Baile del Sol.

[3] Tecnoloxía, opresión e participación. XXXI Semana Galega de Filosofía. "Filosofía e revolución" (Pontevedra, 21-25 de abril de 2014). [En línea].

[4] Europa Press / EP Social, 21.04.2014. [En línea].

[5] Vid. Greenfield, Patricia (2009). Technology as Informal Education: What is Taught, What is Learned. Science, 323 (5910), pp. 69-71, para un ejemplo (entre muchos) en el campo educativo. El trabajo resalta, además, la pérdida de capacidad de análisis y de pensamiento crítico provocada por las nuevas tecnologías.

[6] Riechmann, Jorge (2015). Autoconstrucción. La transformación cultural que necesitamos. Madrid: Los Libros de la Catarata.

[7] Sobre la aplicación del pensamiento crítico en las disciplinas del libro y la información, vid. p.ej. Spencer, J; Millson-Martula, C. (eds.) (2009). Critical Thinking within the Library Program. Londres, Nueva York: Routledge.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Foto: Pieza de la colección Books de Christian Burchard (enlace).

El texto corresponde a la tercera parte del artículo "Un faro, un puerto. De bibliotecas, máquinas y pérdidas", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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