14 mar. 2017

Un faro, un puerto

Un faro, un puerto

Un faro, un puerto (y VII)


 

El libro es la máquina tecnológicamente más eficiente que el hombre haya inventado.

Northrop Frye. Crítico y teórico literario canadiense (1912-1991).


La cultura moderna consiste en que las agujas magnéticas de todas las brújulas se han vuelto locas y señalan en todas las direcciones al gusto de cualquier explorador que se haya extraviado en su propia niebla.

Manuel Vicent. Escritor y periodista español (1936- ). De "Sin brújula" (En El País, enero de 2015).


En un mundo actual convulso y apresurado, dominado por el tecnocapitalismo y el consumismo e inmerso en una crisis socio-ecológica sin parangón en la historia humana, los profesionales de las disciplinas del libro y de la información deberían repensar su rol en la sociedad –como personas y como profesionales– desde una perspectiva crítica y realista, y ocuparse de revisarlo, de volver a formularlo y de afianzarlo.

Por su parte, la biblioteca, punta de lanza a veces, trinchera en la que resistir otras, tendría que servir de faro, de referencia sólida en el complejo universo del conocimiento, y de puerto seguro al que volver para aquellos que se aventuran por los mares (ciertamente tempestuosos) de la innovación.

La comunidad bibliotecaria debería cultivar una actitud paciente, activa y vigilante, capaz de evaluar las herramientas novedosas y, de ser útiles, hacerlas suyas con rigor y madurez profesional. Y, de no serlo, descartarlas sin mayor inconveniente.

Esa comunidad debería ser consciente del valor humanista de su labor y del importante papel que desempeña en la sociedad, y hacer pedagogía para que los demás –esos usuarios a los que sirve, y esas autoridades que deciden su destino– aprecien y valoren esa labor y ese papel. Seguir la corriente y el rebaño, abrazar la ceguera o la estupidez colectiva, lanzarse con la comunidad al vacío, u obedecer órdenes necias no es de ayuda alguna. Todo lo contrario: contribuye a una imparable suma de pérdidas.

Debería comprometerse con unos valores éticos y cívicos, y fomentarlos con su ejemplo y a través de sus servicios. Debería trabajar como un colectivo sólido y unido para oponerse a las políticas que obligan a degradar la cultura conservada en las bibliotecas y los cualificados servicios que en ellas se ofrecen. Debería denunciar los abusos y las presiones, y rechazar las formas de evaluación cuantitativa que convierten la provisión de información y saber en un negocio de porcentajes y parámetros fallidos. Y debería luchar para mantener puestos de trabajo de calidad, en donde primen la formación, el conocimiento, el debate y el pensamiento crítico, y no los espejismos electrónico-digitales, el mercantilismo capitalista, las vanas promesas de un futuro brillante y el palabrerío que busca ocultar los vacíos cada vez más inocultables.

La comunidad bibliotecaria debería ser capaz de seguir haciendo su trabajo de acuerdo a sus propias condiciones y convicciones, y no a las del mercado, los lobbies empresariales o el "mundillo" profesional cooptado por las corporaciones monopólicas tecnocráticas. Debería recuperar el control de todas sus tareas, y reflexionar sobre su quehacer, sus motivos, los medios y los fines. Debería investigar, buscar nuevas formas de articular teoría y praxis, fomentar el pensamiento crítico...

Si los bibliotecarios no se hacen de nuevo con el control de su profesión y establecen unas claras prioridades, seguirán corriendo eternamente detrás de la carnada de la novedad (tecnológica o no). Seguirán engañándose (y engañando a sus usuarios) sobre las posibilidades de desarrollo infinito en un mundo finito cada vez más al límite; sobre la capacidad de la tecnología para solucionar todos nuestros problemas; sobre las crecientes desigualdades y las nuevas brechas que soporta la sociedad; y sobre la posibilidad de escapar de las consecuencias indeseables de algunas acciones.

Y, sobre todo, seguirán con la vista puesta en un hipotético mañana que puede no llegar, dando la espalda a un presente que ya está aquí y que necesita de toda su atención.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Foto: Pieza de la colección Books de Christian Burchard (enlace).

El texto corresponde a la séptima y última parte del artículo "Un faro, un puerto. De bibliotecas, máquinas y pérdidas", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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