Libros y bibliotecas en Tíbet

El techo del mundo

Libros y bibliotecas en Tíbet (I)


 

El techo del mundo

Llamada Bod por los tibetanos y Xizang por los chinos, Tíbet [1] se ubica en una meseta de unos 2,5 millones de km2 que se extiende al norte y al noroeste de la cordillera del Himalaya, la espina dorsal de Asia. Considerado "el techo del mundo", Tíbet es la región habitada más alta del planeta –con una media que supera los 4900 msnm– y es el hogar del pueblo tibetano y de otros grupos étnicos como los Monpa, los Qiang y los Lhoba.

Si bien hay escritos del siglo IV que dan cuenta de la existencia de algunos reinos incipientes en la zona (p.ej. el creado por la dinastía Yarlung), la historia de Tíbet como entidad cultural y política independiente se inició en la primera mitad del siglo VII: de acuerdo a las crónicas históricas, en el 618 comenzó el reinado de Songtsän Gampo, fundador y primer regente del Imperio Tibetano (Bod Chen Po). El Imperio no solo unificó el altiplano tibetano, sino que extendió su influencia hasta el norte de los actuales territorios de India, Bután, Nepal y Pakistán, el oeste y el sur de China y el este de Tayikistán, Kirguistán y Kazajistán. La corte se estableció en la ciudad de Lhasa, "el lugar de los dioses", que desde entonces sería la capital del Tíbet.

En el siglo IX, tras la llamada "Era de la Fragmentación", el Bod Chen Po se dividió en una miríada de pequeños territorios tradicionalmente agrupados en tres regiones: Ü-Tsang en el centro y el oeste, y Amdo y Kham en el este. A lo largo de los siguientes siglos todas ellas sufrieron la influencia de China; de hecho, las dos últimas terminaron bajo su control directo.

Tras la Revolución de Xinhai o Revolución china (1911-1912), que derrocó a la dinastía manchú de los Qing, la última estirpe imperial, se produjo un periodo de inestabilidad y de vacío de poder que la región de Ü-Tsang aprovechó para declarar unilateralmente su independencia como Tíbet (1913). La acción nunca fue reconocida por China, pero mientras en ésta se sucedieron las convulsas épocas de la primera república (1912-1916) y de los señores de la guerra (1916-1928), la segunda guerra sino-japonesa (1936-1945) y la guerra civil (1946-1950), Tíbet disfrutó de cierta libertad y de bastante autonomía. Fue al finalizar la última contienda, cuando la República Popular China se planteó la "reunificación" de todos los antiguos territorios que consideraba como propios.

Las fuerzas del Ejército Popular de Liberación invadieron Tíbet en octubre de 1950, en lo que la historiografía china denomina, muy eufemísticamente, la "Liberación Pacífica de Tíbet". Tal "liberación" asumió la forma de una potente campaña militar, iniciada con la batalla de Chamdo y continuada con una exitosa ocupación a todos los niveles. En 1959, tras un fallido intento de alzamiento por parte de los tibetanos, China derrocó al gobierno cívico-religioso del Dalái Lama, que marchó al exilio; de esta forma se descabezó cualquier intento organizado de rebelión contra los invasores.

La Revolución Cultural maoísta (1966-1976) llevó el proceso un paso más allá, eliminando toda forma de resistencia posible y "pacificando" a los insumisos. Destruyó e hizo desaparecer buena parte del patrimonio tangible e intangible tibetano e impuso la cultura china (la de la mayoría étnica Han) y sus estructuras políticas, sociales y, sobre todo, ideológicas, un proceso aún vigente (Smith, 1986; ICT, 2007).

En la actualidad, China gobierna Ü-Tsang como República Autónoma de Tíbet, mientras que las antiguas Amdo y Kham están desmenuzadas en prefecturas étnicas autónomas incluidas dentro de las provincias de Sichuan, Yunnan, Qinghai y Gansu.

 

Cultura y religión en Tíbet

Tanto la historia como la cultura tibetanas mantienen un estrecho vínculo con la religión. Las artes visuales, la literatura, la arquitectura, la música y muchos elementos de la vida cotidiana tibetana derivan directamente de la versión local del budismo (a veces denominada lamaísmo [2]) o están fuertemente influidas por ella.

Si bien los contactos con el credo fundado por Siddharta Gautama habían existido anteriormente, fue bajo el reinado del emperador Trisong Detsen (755-797) cuando el budismo se convirtió en la religión estatal; de hecho, Tíbet fue el único territorio asiático que desarrolló y mantuvo con éxito una teocracia budista funcional. Desde entonces, y hasta fines del siglo IX, fueron llegando al Imperio Tibetano distintas corrientes de pensamiento budista procedentes del actual Nepal, de China (monjes del Reino de Khotan) y, sobre todo, de diferentes rincones de la India (de la mano, entre otros, de intelectuales del Reino de Magadha y el Imperio Pala, y de los monjes cachemires de la escuela Sarvāstivāda). La fusión de todas estas influencias generó las tendencias y escuelas que terminarían componiendo el budismo tibetano, un conjunto de creencias que siempre contó con la férrea oposición de los practicantes del bön, la religión tradicional tibetana, chamánica y animista [3].

Junto con los textos y las enseñanzas religiosas, los misioneros budistas introdujeron en Tíbet otros elementos culturales: medicina, astronomía y astrología, técnicas agrícolas, ganaderas y culinarias, ingeniería, alfarería y un largo etcétera.

Para el siglo XII –cuando en India el budismo había dejado de existir como religión organizada debido al renacimiento del hinduismo– se alzaban en territorio tibetano más de 6000 monasterios. Y había aún más stupas o chötens (adoratorios de estructura hemisférica, que contienen sarira o reliquias de santos budistas y son usados como lugares de meditación) y pilas de piedras mani (piedras grabadas con el famoso mantra "om mani padme hum", que sirven como formas de oración). Las distintas escuelas religiosas eran dueñas del 40% de las tierras y vivían de los impuestos y de las donaciones del pueblo llano; buena parte de la riqueza producida por una plebe prácticamente sometida a un régimen feudal teocrático se invirtió en levantar, ampliar y decorar las magníficas construcciones budistas.

A partir de 1642, la centralidad de la religión y su fusión con la política se hicieron evidentes en la figura de los Dalái Lamas y el régimen de gobierno (Ganden Phodrang) que impusieron en todo el altiplano tibetano, con un sistema de sucesión basado en la reencarnación. Los Dalái Lamas son lamas de la escuela budista Gelug (la más moderna de todas, fundada a finales del siglo XIV) considerados como reencarnaciones de Avalokiteśvara [4]; a fines del siglo XVI, la escuela Gelug se alió con Altan Khan, el líder mongol más poderoso de entonces, para desbancar y arrinconar a las demás escuelas y hacerse con el poder en Tíbet. A partir de ese momento, los sucesivos Dalái Lamas se impusieron como líderes políticos y religiosos.

Hasta 1959, las bodegas del Potala –la icónica residencia palaciega del Dalái Lama, ubicada en Lhasa– mantuvieron valiosas colecciones de miles de documentos [5] en los que se daba cuenta de la historia y de la cultura tibetanas: manuscritos en pergamino, volúmenes de textos sagrados escritos con tintas hechas de oro, plata, hierro o cobre (vid. Blezer, 2002), e incluso algunos libros pothī elaborados con hojas de palma. Entre estos últimos se contaban la magnífica copia del sutra titulado Vimalakīrti Nirdeśa (que explica el significado del concepto advaita o "no dualismo", vid. SGBSL, 2006), y ejemplares del Lokātītastava o "Elogio del Supramundano" y de los himnos Niraupamyastava y Acintyastava, escritos por el filósofo indio Nāgārjuna (Shaoyong, 2009).

Hasta ese mismo año, los archivos civiles tibetanos se situaban en el piso inferior del Jokhang de Lhasa: un monasterio de la escuela Gelug que en algunas fuentes antiguas aparece citado como la "Gran Catedral" y que es considerado por los tibetanos como el edificio más sagrado e importante de su tierra. Allí había alrededor de 50 capillas dedicadas a almacenar escrituras y objetos religiosos, entre los cuales había al menos 54 cajas con el Tripitaka o Canon Pali (las escrituras sagradas del budismo theravada) y 108 cajas de sándalo que contenían distintos sutras. Los pisos superiores estaban ocupados por las oficinas de los distintos cargos político-religiosos, en las que se guardaban cientos de documentos de distintas categorías: desde tratados con siglos de antigüedad hasta formularios de impuestos agrupados en manojos.

 

Notas

[1] Los lingüistas coinciden en señalar que Tíbet deriva de tībat o tūbātt, vocablos semíticos a su vez derivados del turco töbäd, "las alturas".

[2] Del tibetano lama o blama, "jefe" o "alto sacerdote". Dentro del budismo tibetano, la palabra lama es actualmente utilizada como título honorífico para un maestro del dharma (enseñanzas de Buda / leyes espirituales que rigen el mundo), y es equivalente al guru de la India.

[3] Existen dudas y debates acerca del bön y su naturaleza autóctona tibetana y pre-budista. Algunos estudiosos señalan que el bön nació cuando el budismo ya estaba fuertemente instalado en Tíbet, y que la "vieja religión" tibetana se alimentó del budismo para crear sus estructuras.

[4] Avalokiteśvara ("el Señor que mira [al mundo] desde arriba") es un bodhisattva: una persona que, motivada por una gran compasión, desea convertirse en buda para beneficio de todos los seres vivientes. Avalokiteśvara, en concreto, encarna la compasión de todos los budas (personas que, a lo largo de la historia humana, han alcanzado la sabiduría y el conocimiento perfecto).

[5] En 1999, Dom po ba Thub bstan rgyal mtshan, bibliotecario de la Biblioteca del Potala, publicó un catálogo con 372 manuscritos valiosos conservados en el Palacio.

 

Bibliografía

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Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 16.05.2017.

Foto: Lápidas tibetanas apiladas. Manang, Nepal (enlace).

El texto corresponde a la primera parte del artículo "Libros y bibliotecas en Tíbet", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu. Las partes que componen la serie pueden consultarse juntas aquí.

 


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